¡Ya no te aguanto más!

Mi querido viejo, vivimos en una época inimaginable, impensable, insólita, absurda, diría yo. La presencia de un virus que invadió al mundo entero cambió para siempre nuestras vidas y eso ha tenido muchas repercusiones de las que todos hemos hablado con familiares, ...

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Mi querido viejo, vivimos en una época inimaginable, impensable, insólita, absurda, diría yo. La presencia de un virus que invadió al mundo entero cambió para siempre nuestras vidas y eso ha tenido muchas repercusiones de las que todos hemos hablado con familiares, amigos, compañeros etc. El virus es potencialmente mortal y por eso estamos encerrados, para proteger nuestros pulmones y nuestra vida.

Pero eso ha tenido consecuencias y el covid-19 no es el responsable, sino nosotros mismos. Yo te explicaré por qué: como todos los animales de la creación, nacimos para vivir libres, para ir de un lado a otro, viajar, buscar todos los días nuevos horizontes; las migraciones de nuestros antepasados lo confirman. El deseo de viajar está en la mente de todos nosotros, pero este malvado virus nos lo prohíbe, pues sabemos el peligro de viajar. Es entonces  cuando comienzan los problemas personales, conyugales y familiares.

¿Qué pasa? ¿Por qué ahora no vemos a nuestra compañera como cuando éramos novios? ¿Qué pasa cuando ya no toleramos a los hijos? ¿Qué pasa cuando no sabemos cómo y cuándo va a acabar esta pandemia? ¿Qué pasa cuando exclamamos ¡ya no te aguanto más!?  Este problema tiene dos vías, porque la desesperación y el hartazgo se presentan tanto en el hombre como en la mujer, de modo que el asunto es de dos.

El virus no ataca al cerebro, pero el encierro sí, y por eso les pido, queridos viejos, que, aunque crean que están bien, reflexionen un poco. Les propongo una técnica para volver a ver la vida con el optimismo y la alegría de siempre.

Dime, querido viejo, ¿qué viste en aquella jovencita linda que enamoraste un día y a la que le pediste que fuera tu novia?, ¿qué cualidades físicas, mentales y morales tenía para que la eligieras entre todas las demás? Si recuerdas eso, mira a tu compañera, mírala a los ojos y pregúntale si ella también se acuerda de aquellos años cuando nació su amor. Y tú, viejita querida, ¿recuerdas también aquellos años, tus sentimientos, y tus deseos?

Si logran eso, se darán cuenta de que son más afortunados de lo que piensan, porque al revivir esos años que fueron la base de sus vidas, sabrán que aquellas cualidades que ambos tenían están ahí todavía y que no se vale que los problemas o contrariedades de la vida borren de su memoria aquellos buenos tiempos.

¡Ya no te aguanto más!, habrán dicho en algún momento, pero si reflexionas, el asunto es de dos, tanto tú como tu compañera han cambiado, sí, pero los ideales que los unieron hace años, reforzados por el amor que ha surgido con los hijos, están ahí, aunque el encierro, el aislamiento del mundo, el cansancio y la aburrición los arrinconen y parezca que ya los olvidamos.

El amor y el cariño de dos personas sigue, aunque el tiempo cambie, el cabello sea más blanco y las arrugas más evidentes. La compañera que está frente a ti es la misma que te robó el corazón un día y para ella, tú, en el fondo, sigues siendo el joven guapo y alegre que la enamoró.

Hablemos de la vida, de nuestras vidas, de nuestros recuerdos, para darnos cuenta que aún hay mucho por qué vivir, que no se trata de “aguantar” o de luchar contra un enemigo, sino de convivir con esa persona que enamoraste y te enamoró.

Y manden al diablo al coronavirus, vivan felices.

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