La historia de México se ha caracterizado por periodos largos en los que un partido está en el poder y los opositores no tienen la fuerza electoral suficiente para acceder a la Presidencia. La reforma electoral de 1996 consolidó la transición democrática y, tras 70 años de hegemonía del PRI, llegó a la presidencia Vicente Fox Quesada, candidato del PAN en el 2000. En 2012, tras dos sexenios de gobiernos panistas (con Vicente Fox y Felipe Calderón), el PRI recuperó la presidencia, con Enrique Peña Nieto. Y en 2018, el señor que ya no está, ganó la Presidencia con Morena, lo que significó un nuevo cambio de fuerza política en el Poder Ejecutivo nacional.
Ahora estamos en 2026 y nos damos cuenta de la miserable condición en que se encuentra nuestro país, consecuencia de las ideas, ilusiones, mentiras, equívocos, fraudes y corrupción que surgieron cuando el señor que ya no está tomó posesión de la Presidencia.
Los expertos, analistas e investigadores han documentado el fenómeno con datos precisos y sus consecuencias: Rafael Loret de Mola considera que el país ha perdido 22,834 billones de pesos en acciones erróneas, fraudes, inversiones que han repercutido en la economía, la salud, el desarrollo, y han llevado a la ruina a empresas como Pemex y CFE.
Con una economía tambaleante, una deuda externa impagable, México transita en un ambiente de incertidumbre, temor y malos augurios, aumentados por la presencia de delincuentes: unos del propio gobierno, otros de la delincuencia organizada y otros más en las actividades de la vida diaria.
Frente a ese panorama, analistas nacionales y extranjeros ven con tristeza que la riqueza que tenía el país y las expectativas de crecimiento y desarrollo se cancelaron; ¿qué podemos hacer? Para contrarrestar esa infame situación es preciso que haya un movimiento ciudadano que alce la voz, exprese su repudio a lo que sucede, y se convierta en una verdadera oposición, que pueda cambiar el panorama nacional.
Y es ahí cuando nos damos cuenta que eso que se llama oposición no existe, porque los partidos políticos no hacen nada, están en silencio como si aceptaran como destino esta dictadura que lleva ya siete años.
¿Por qué los partidos políticos están callados? Morena es por mucho el partido político con más militantes, 12 millones 350 mil; ha tenido un incremento de 40% en tres años. El PRI disminuyó su padrón en 41% en tres años y tiene actualmente 819 mil 103 afiliados. El PAN tiene 366,104 afiliados. aunque sus cifras habían bajado. El PVEM tiene 1,061,319 miembros registrados. El PT informa de 590,797 afiliados. Movimiento Ciudadano cuenta con 318,642 afiliados vigentes. La organización Somos México (Somos) cuenta con 290,040 afiliados validados por el INE, superando los 256 mil requeridos por ley. El PAZ (Construyendo Sociedades en Paz) tiene 335,400 afiliados. El PRD perdió su registro nacional desde 2024
Es evidente que sólo Morena tiene hoy fuerza suficiente para seguir siendo el partido en el poder; si las elecciones fueran hoy. Morena, junto con el Verde y el PT obtendrían 62% de la votación En los demás partidos hay indiferencia, apatía, falta de iniciativas y vacío ante las elecciones de 2027.
¿Dónde están los líderes, individuos con presencia e influencia en la vida nacional?, ¿Dónde están las reuniones, mítines, manifestaciones públicas para afirmar su presencia en el panorama nacional?
Cabe suponer que la oposición no crece, tiene en la población una opinión negativa o neutra, y eso no avala nada favorable para el próximo año.
Una de las razones para entender la indiferencia de la población es la aceptación, casi resignación de los ciudadanos ante la ola de violencia, que lleva al temor diario por la salud y la vida que tiene 70% de los mexicanos, así como el silencio y resignación ante las decisiones violatorias a las Leyes que imposibilitan para actuar.
Porque ahora no sólo los artículos antiMorena, sino los memes serán considerados ofensivos y sus creadores irán a la cárcel. Así visto, el futuro es desalentador, y la falta de una oposición no auguran nada bueno en los años por venir.
Escribo esto con tristeza, porque amo a mi país y nunca imaginé vivir en una narcodictadura, sin esperanza de un cambio, pero optimista irredento como soy, espero que en el futuro próximo surja ese individuo o ese grupo de ciudadanos que alcen la voz y se conviertan en una verdadera oposición.
