...Y ¿después?
Debemos reconocer que no nos gusta mucho ver hacia adelante, porque sabemos que tenemos menos días por vivir

Rafael Álvarez Cordero
Viejo, mi querido viejo
“Es de sabios ser
previsores e inteligentes”
R.A.A.
Mi querido viejo: una de las grandes satisfacciones de la vida en este otoño de la existencia, es la capacidad de ver hacia atrás y revivir en el pensamiento todo lo que sucedió en los ya largos años vividos.
El conocido refrán “recordar es vivir” es algo que nos llena de alegría, porque sea como sea, hemos vivido días, meses y años, y en cada uno tuvimos experiencias buenas y malas, grandes alegrías y profundas tristezas, y recordamos los momentos en que una frase o la palabra de un amigo devolvió la esperanza cuando teníamos un grave problema o cuando la inesperada ayuda de alguien resolvió algo que parecía imposible de lograr.
Seguramente tú tienes, como muchos de nosotros, una serie de fotografías, muchas de ellas en blanco y negro, tal vez un poco borradas, de tus primeras experiencias en la vida, tus pininos como deportista o los primeros pasos de baile con una jovencita que te causaba mariposas en el estómago; ahí están las fotos de la terminación de estudios o la boda o los hijos, los compañeros de trabajo, qué sé yo, pero todas evocan gratísimos recuerdos y eso nos hace bien.
Y las reuniones con familiares y amigos también son importantes en estos años, ya que la plática efervesce y al calor de un buen platillo y una copa de vino recordamos y saboreamos de nuevo hechos y sucesos que teníamos olvidados.
Pero… ¿y después?, es muy bueno ver hacia atrás, pero ¿ver hacia adelante?; debemos reconocer que no nos gusta mucho ver hacia adelante, porque sabemos que tenemos menos días por vivir que días vividos y que inevitablemente llegará un día en que se acabe nuestra vida.
Renegar o aceptar eso o tener miedo al momento final es el tema de cientos de libros y tratados y cursos filosóficos, religiosos o esotéricos, pero la realidad es que, debemos decir como Amado Nervo:
“Vida, nada me debes; vida estamos en paz”.
¿Qué debemos hacer para que al final podamos repetir con tranquilidad esa frase?, lo mismo que hicimos cuando decidimos hacer un negocio o iniciar unos estudios: meditar, prever y actuar.
Meditar: es bueno que sepamos qué tan sanos estamos, cómo está nuestra vida personal, nuestra vida familiar y nuestra vida social; meditar cómo está nuestra condición financiera y si hay asuntos pendientes.
Prever: tenemos que saber qué va a ocurrir, quién se hará cargo de los gastos de tu funeral, si se hará una inhumación o una cremación, si habrá ceremonia religiosa o, como ya muchos amigos lo han decidido, una fiesta de recuerdos; si tus cenizas serán enviadas al viento o dispersas en un río y qué papel tendrá cada uno de tus familiares o amigos en todo esto.
Actuar: desde ahora debes actuar, platicar con la familia, que no se horroricen porque hables de la muerte que inexorablemente llegará y que todos sepan, y entiendan qué quieres que suceda; el apoyo de un experto en este tema será de gran utilidad.
Recientemente, tuve la oportunidad de conversar con una experta en gerontología y envejecimiento que yo conozco, Marichu Santillano y hablamos de lo que debemos hacer para actuar de la mejor manera, con tranquilidad, con naturalidad y sin ocultar nada, para que si has vivido plenamente tus años, la plenitud y la tranquilidad continúen cuando ya te hayas ido.
Preguntar y orientarse con expertos como Marichu (maryprevision19@gmail.com) puede ser muy útil.
Así, sabrás que tu “después” transcurrirá sin sobresaltos, querido viejo, y ese puede ser el corolario de una vida bien vivida.
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