Vivir plenamente

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Mi querido viejo: los días de este año se acaban, eso y el frío otoñal que se cuela por las ventanas nos hace reflexionar sobre lo que hemos vivido en este año y lo que esperamos en el futuro. 

Porque, a nuestros años, la palabra futuro tiene un significado distinto al que tuvo en nuestra adolescencia –cuando soñábamos con proezas increíbles– o en la edad adulta –cuando trabajábamos duro con el objetivo de triunfar–: hoy estamos aquí, con una sonrisa en los labios y arrugas que surcan nuestra piel, con achaques que requieren atención y limitaciones que nos invitan a ser más sabios.

Y es entonces cuando vemos lo que hay alrededor: viejos queridos que sonríen cada día y buscan disfrutar de una u otra forma las horas de la mañana y de la tarde, y saben descansar y dormir a pierna suelta.

Y también vemos, lamentablemente, a viejos que no saben cómo vivir su vejez, porque están enojados con el mundo, critican todo lo que ven, encuentran problemas donde no los hay, y se les “derrama la bilis” todos los días por algo que no les gusta: sus familiares, sus vecinos, su colonia y su ciudad; tú los puedes identificar en su cara, su mirada, sus gestos y sus palabras; de esos viejos tristes, el consejo es alejarnos de ellos tanto como sea posible.

Cada día es una oportunidad para ser feliz, y podemos hacer una hermosa cadena de días felices.

¿Qué es lo que te hace feliz cada día?, un despertar sin achaques, un sabroso baño calientito, un rico desayuno, la charla con tu persona amada, citas, compras, qué sé yo.

Y por eso quiero copiar dos poemas, uno más breve que otro, que habla mucho de nosotros, que escribió Fernando Pessoa, y aluden al sentido de la vida de ese maravilloso pensador portugués:

“Si después de morirme quisieran escribir mi biografía 

no hay nada más sencillo. Tiene sólo dos fechas, 

la de mi nacimiento 

y la de mi muerte. 

Entre una y otra todos los días son míos”.

Y este otro, Si yo pudiera morder la tierra toda, que expresa el valor de la felicidad y la infelicidad:

“Si yo pudiera morder la tierra toda 

y sentirle el sabor sería más feliz por un momento…

Pero no siempre quiero ser feliz 

es necesario ser de vez en cuando infeliz para poder ser natural…

No todo es días de sol 

y la lluvia, cuando falta mucho, se pide.

Por eso tomo la infelicidad con la felicidad. 

Naturalmente como quien no se extraña

con que existan montañas y planicies 

y que haya rocas y hierbas…

Lo que es necesario es ser natural y calmado en la felicidad 

o en la infelicidad.

Sentir como quien mira. Pensar como quien anda, 

y cuando se ha de morir,

recordar que el día muere y que el poniente 

es bello y es bella la noche que queda.

Así es y así sea”.

Vivir plenamente, cada día, todos los días, ¿qué piensas, querido viejo?

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