“Los viejos no podemos ni crear ni aprender nada”

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Mitos y realidades de la salud

Entre más viejo el violín,

                mejor es la melodía.

 

MITO

Uno de los más tristes mitos es el de la decrepitud en la vejez, que afirma que los viejos ya no podemos ni crear ni aprender nada.

Los argumentos son muchos: que hay una mala circulación cerebral, que se mueren millones de células cerebrales, que la memoria es algo que se tiene sólo en la juventud, etcétera, y, además, existe la evidencia de que algunos individuos viejos, en efecto, no tienen actividad alguna y dejan pasar lánguidamente los días, uno tras otro, sin entusiasmo.

 

CONSECUENCIA

Cuando un viejo se abandona en esta época de la vida, en especial cuando ha llegado a la jubilación, y ya “no tiene nada que hacer”, olvida que la vida sigue, que sus neuronas no están muertas, que los sueños que tuvo en la infancia y juventud están ahí, y que de él depende seguir adelante; si no lo hace, no es por culpa del cerebro, sino porque el mito se le metió en la cabeza y no encuentra la forma de salir adelante.

Además, los familiares muchas veces participan en este mito y tratan al viejo como débil, incapaz, lento, y lo van arrinconando sin remedio, lo tratan “como viejo decrépito” alejándolo de la vida activa.

 

REALIDAD

Afortunadamente, la realidad es otra, los conocimientos sobre la función cerebral de los viejos, los avances en la medicina que confirman la plasticidad del cerebro y su renovación constante, y sobre todo los múltiples ejemplos de creatividad y capacidad de aprendizaje de viejos, comprueban que ese mito debe desaparecer.

Quiero repetir los nombres de viejos exitosos en la historia, veamos: Tiziano pintó sus mejores obras a los 76 años, Monet hizo sus mejores pinturas después de los 77, Benjamin Franklin inventó los lentes bifocales a los 78, el director de orquesta Herbert von Karajan aprendió a volar aviones a los 72 años, Pablo Casals tocaba el piano y el chelo a los 90, Stokowski firmó un contrato para dirigir una orquesta a los 94, y en México, Rufino Tamayo pintó hasta muy avanzada edad, Alfredo Zalce llegó a los 99 en plena productividad pictórica y escultórica, y en medicina, tenemos hermosos ejemplos: don Clemente Robles, Ignacio Chávez, Salvador Zubirán, Manuel Quijano Narezo, Fernando Ortiz Monasterio y muchos más vivieron activos hasta muy avanzada edad, y mi padre, el doctor Rafael Álvarez Alva, estaba escribiendo la quinta edición de su libro sobre Salud pública y medicina preventiva cuando falleció a los 95 años.

 

O sea que el cerebro sigue vivo mientras nosotros lo estimulemos; la lectura, el aprendizaje (hay cada vez más octogenarios en las universidades), la música, la escultura y tantas y tantas actividades más nos van a confirmar que la vejez ya no es lo que era: achacosa, triste y pesimista, sino saludable, alegre y optimista.