Vejez productiva y protegida

La cultura de protección y respeto a la vejez necesita estar presente en la mente de todos

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Los mejores años son los que disfrutamos

al atardecer de la vida

J. Ríos

Laguardia, España.- Querido viejo: después de terminar las labores del Congreso de Cirugía de Obesidad y disfrutar la compañía y charlas de los amigos a los que vemos cada año, Alicia y yo emprendimos un pequeño viaje por La Rioja.

Fuimos inicialmente a Soria, pequeño pueblo amable y acogedor, y luego a Logroño, ciudad más grande, para terminar aquí en Laguardia; aquí la sorpresa fue muy grata, esta pequeña ciudad amurallada se erigió en un monte que domina toda la región y sirvió de vigía desde los siglos XIV y XV. Todas las casas tienen sótanos, que sirvieron de protección en las invasiones y ahora son cavas en las que se produce vino con técnicas artesanales.

Visitamos tres cavas, la más importante es la llamada El Fabulista, porque pertenece a la familia de Félix Samaniego, aquel cuyas fábulas leíamos en la escuela primaria: La zorra y las uvas, La cigarra y la hormiga, etcétera que, seguramente, tú, querido viejo recordarás. Ciertamente, las fábulas son mejores que el vino que degustamos, pero la experiencia fue muy amable.

Y, mientras viajamos, sigo admirando la forma como se trata a los viejos en este país, con respeto y admiración, y fomentando en todo momento su bienestar.

Como tú sabes, querido viejo, uno de los problemas que ocurren en la vejez y que amenazan su vida son los accidentes. Para evitarlos, de entrada, en el Metro, los autobuses y aun en las calles, hay avisos para prevenir accidentes, y como todas las calles están limpias, sin basura, sin obstáculos, los viejos pueden transitar sin problema; además, los asientos designados para los viejos son siempre respetados, sin excepciones.

Pero, además, hay facilidades en todas las ciudades (hemos visitado ya cuatro) para el desplazamiento de quienes tienen andaderas o silla eléctrica de ruedas, y más aún, dado que algunas calles tienen inclinación o declives, ¡hay barandales para que los viejos se desplacen sin peligro de caer o resbalar!

Y otra cosa que vemos aquí: muchos viejos usan el bastón, aunque no lo necesiten, y eso es muy sabio, porque en un momento, sin pensarlo, puede haber un mal paso o un desnivel en el piso, y el bastón es salvador; es útil tener esto en cuenta.

Allá, en México, nosotros queremos que nos traten bien en todas las ciudades, pero eso no es sólo un asunto de las autoridades, sino de todos nosotros, la cultura de protección y respeto a la vejez necesita estar presente en la mente de todos: niños, jóvenes, adultos, y sólo así podremos crear un ambiente propicio para todos los viejos queridos.

Sabemos que en el presupuesto para el 2020 en México se destinará una partida para proteger a los viejos, pero la forma como se concibe esta ayuda y protección sigue siendo pensando en el pasado, y creyendo que con limosnas vivirá el viejo sus últimos años. ¿Y la prevención de enfermedades?, ¿y los tratamientos adecuados para sus males crónicos?, ¿y la promoción del envejecimiento activo para que el viejo sea independiente?, ¿y las universidades de la tercera edad que enseñarán habilidades, capacidades, oficios a los viejos?, ¿y la creación de empresas en las que participen los viejos?, todo esto no se logra con dos mil pesos cada dos meses.

Aún hay mucho que hacer, nuestros viejos no pueden ser individuos “de segunda” cuando vemos que en otros países todos viven dignamente.

¿Tú que piensas, querido viejo?, ¿tienes propuestas al respecto?

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