“Si se puede mover el brazo o el hombro, no hay fractura”

Rafael Álvarez Cordero
Mitos y realidades de la salud
MITO
“Si puedes mover el brazo o el hombro, significa que no hay una fractura”.
Las lesiones y dolores de hombro son el tercer motivo de consulta más frecuente en atención médica general, con una incidencia estimada de 9 a 25 casos por cada 1,000 habitantes al año, pero hay la creencia de que, si se conserva la movilidad, no hay fractura.
CONSECUENCIA
Los problemas del brazo y en especial del hombro son frecuentes en los jóvenes que hacen diversos deportes que requieren raquetas, bates o artículos semejantes. Pero la ausencia de un dolor incapacitante hace suponer que no hay fractura, y esto puede tener consecuencias.
REALIDAD
Es posible tener una fractura y conservar cierto rango de movimiento o movilidad leve, especialmente en fisuras menores o cuando los fragmentos no están desplazados. La falta de síntomas de incapacidad para mover la articulación puede llevar a la conclusión de que no hay fractura y esto puede tener consecuencias más adelante. Las lesiones tardías o crónicas del hombro son patologías musculoesqueléticas que se desarrollan a largo plazo. En la literatura médica y guías clínicas en formato PDF, estas condiciones suelen agruparse bajo el término clínico de Síndrome de Hombro Doloroso o Síndrome de Abducción Dolorosa.
Estos problemas tienen una incidencia anual: 9–25 personas por cada 1,000 habitantes, lo que significa entre 69 y 260 casos por cada 1,000 habitantes; 25% de las personas mayores de 60 años y hasta 40% de los mayores de 65 años presenta algún grado de rotura o desgaste en los tendones del manguito rotador. Es importante hacer un examen cuidadoso y, si es preciso, realizar estudios radiográficos para precisar la magnitud de la lesión, ya que puede requerir inmovilidad con aparato de yeso o incluso cirugía si la lesión es grave.
Para eso hay que tener presentes los diversos síndromes: Síndrome de Pinzamiento, que es la compresión mecánica de los tendones bajo el arco acromial, y afecta el espacio subacromial y la bursa correspondiente. Tendinopatía del Manguito Rotador, que es la degeneración progresiva del manguito rotador, principalmente el tendón supraespinoso. La rotura del Manguito Rotador, que es el desagarro parcial o total de origen no traumático y afecta los músculos supraespinoso e infraespinoso, redondo menor y subescapular. La tendinitis y ruptura del bíceps, que es la inflamación crónica o desgarro de la porción larga del bíceps. La Capsulitis Adhesiva (hombro congelado), que es la pérdida severa y progresiva de la movilidad pasiva y activa de la Cápsula articular glenohumeral.
En su fase inicial, el diagnóstico es meramente clínico. La radiografía simple es útil para evaluar el espacio acromio-humeral (el espacio de menos de 7 milímetros indica anormalidad).
Después están los estudios de imagen. Las guías clínicas estipulan que estudios avanzados de imagen, como el ultrasonido (USG) o la resonancia magnética (RMN) no están indicados en fases agudas, sino tras 4 a 6 semanas sin respuesta al tratamiento conservador o ante la sospecha directa de una ruptura total.
El tratamiento tiene diversas fases: el farmacológico: analgésicos de primera línea (paracetamol) o antiinflamatorios no esteroideos (AINE) por ciclos cortos de 7 a 14 días. La rehabilitación, que incluye la crioterapia en fases exacerbadas, termoterapia para rigidez crónica y ejercicios guiados de estiramiento y fortalecimiento muscular progresivo. Las infiltraciones, con el uso de corticoides intraarticulares o subacromiales si fracasa el manejo médico normal. El manejo quirúrgico: reservado para casos con rupturas completas o falta de respuesta al tratamiento conservador (acromioplastia, reparación artroscópica).
Estas lesiones no deben tratarse a la ligera porque una mala atención puede causar una invalidez no deseada.