Querido maestro

Más que un maestro, eres un amigo y un guía. Mi querido viejo: estoy seguro que tú, como cientos, miles de seres humanos, has celebrado el Día del Maestro y seguramente tuviste en la mente a aquel personaje que cambió tu vida, porque, ...

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

                Más que un maestro, eres un amigo y un guía.

Mi querido viejo: estoy seguro que tú, como cientos, miles de seres humanos, has celebrado el Día del Maestro y seguramente tuviste en la mente a aquel personaje que cambió tu vida, porque, todos, sin excepción, desde que el mundo es mundo, hemos recibido la bendición de tener un maestro, el que nos enseñó a amarrarnos los zapatos o el que nos enseñó trigonometría.

Los dos elementos fundamentales de la vida son la madre y el maestro, porque la madre nos dio la vida, el cuidado, el amor, la nutrición, la protección, en tanto que el maestro nos enseñó y nos enseña a vivir.

Las historias y leyendas sobre los maestros son inacabables, y tú recuerdas cómo en Grecia hubo sabios que cambiaron al mundo con sus enseñanzas; las escuelas, que eran pequeños grupos de ciudadanos ávidos de conocimiento, tuvieron gigantes como Sócrates, el padre de la enseñanza, quien, a su vez, fue maestro de Platón y Aristóteles. Yo, como médico, tengo especial veneración por Hipócrates, el padre de la medicina, y alguna vez visité el lugar en donde, bajo un árbol, impartía sus enseñanzas.

Todos los pueblos del mundo han tenido y tienen maestros, y tanto en China como en Japón, en Europa o en Asia,  entre los aztecas, la escuela se llamaba Calmecac. La presencia del maestro ha transformado al mundo. Las escuelas, institutos y universidades son la fuente del conocimiento mundial, y por eso debemos honrar a nuestros queridos maestros.

Recuerda, querido viejo, tus primeros maestros de primaria, en especial aquel con el que te sentiste identificado, y que quedó en tu mente para siempre, porque estabas estrenando la vida y todo era una novedad para ti.

Recuerda, querido viejo, a aquel maestro universitario que al principio te causó temor y desconfianza, pero que poco a poco te fue educando no sólo en la materia que él enseñaba, sino además en las cosas importantes de la vida. Ese maestro/amigo será siempre recordado, porque tú eres, en cierto modo, hechura de él.

Y el tiempo pasa, querido viejo, y muchos de tus maestros ya no están aquí, pero lo más hermoso es que su ejemplo, sus palabras, sus gestos y hasta su risa se quedaron con nosotros, porque aprendimos a ser mejores hombres y mejores mujeres gracias a ellos.

¿Tenemos tarea?, sí, por supuesto. Si queremos honrar a nuestros maestros, no lo debemos hacer sólo en este 15 de mayo, sino todos los días; ¿cómo lo haremos?, imitando su vocación de servicio, ayudando y enseñando a quien lo necesita, dando ese consejo que puede aliviar el dolor, la angustia o la depresión.

Mi querido viejo: sé que de alguna forma tú has sido y eres maestro, te deseo lo mejor: salud, paz y bienestar, y que tu labor no termine nunca.

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