“¡Paren el mundo, que me quiero bajar!”

Lo más importante es responder a esta pregunta después de haber sobrevivido la pérdida de un ser querido: ¿para qué estamos vivos?

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

“El miedo no anda en burro”,

Anónimo.

Querido Viejo: no podemos ignorar uno de los problemas que ha vivido nuestro país por muchos años, pero que ahora tiene una gravedad nunca antes vista: me refiero a la gran cantidad de delitos, asaltos, robos, secuestros, pero sobre todo muertes, muchas muertes, miles de muertes en todo el territorio nacional, y mientras las autoridades hacen proyectos para solucionar esta lacra que nos convierte, como dijo la expresidenta Michelle Bachelet, en un país que parece que está en guerra por tantos cadáveres. Y lo malo de este grave asunto, es que ahora se exponen en los noticieros no sólo las fotos de los delincuentes o de las víctimas, sino que, con lujo de detalles, ¡se hacen videos de los robos, asaltos o asesinatos que aparecen en la pantalla y lastiman la vista y el corazón!, y no sólo eso, sino que los reporteros hacen comentarios horribles.

Y tú, querido viejo, seguramente has reflexionado sobre esto, y ambos nos damos cuenta de la importancia de estar vivos.

Porque cuando conversamos entre amigos y amigas viejos, casi todos tienen una anécdota, un relato, una experiencia de violencia, que sufrieron personas cercanas o ellos mismos, y  sufren inquietud, ansiedad, insomnio o gran flojera, pesadillas,

ganas de llorar sin saber por qué, falta de apetito, miedo a la muerte, y ganas de gritar: “Paren el mundo, que me quiero bajar”.

Sabemos bien qué es eso, no es una enfermedad, no nos vamos a morir por eso, se llama Síndrome de Ansiedad (síntomas por un trauma físico y/o sicológico) y si hacemos lo que debemos hacer, poco a poco nos iremos sintiendo bien y recuperaremos la calma de la mente y del cuerpo

Lo primero que tenemos que hacer es “conectarnos” con la familia y los amigos, hablar, platicar, gritar, llorar juntos, y sobre todo abrazarnos; el abrazo es la mejor medicina para aliviar las angustias y penas, porque al abrazarnos, nuestros corazones unen sus latidos y esa armonía reconforta; no está mal que hablemos de los males de nuestro país o de nosotros mismos, pero al mismo tiempo, al hablar del asunto lo ventilamos y lo “sacamos” del corazón.

Pero es importante “hacer cosas”, es decir, realizar las actividades de todos los días, querido viejo: caminar, llevar al perro, ir al mercado, leer, cantar, cocinar, todo lo que ayude a sentirnos “como antes”, y poco a poco disminuirá la ansiedad y la depresión.

Pero lo más importante, querido viejo, y eso te lo digo personalmente de viejo a viejo: tenemos que responder a la más importante pregunta después de haber sobrevivido la pérdida de un ser querido o la experiencia que puso en peligro la vida;  ¿estamos vivos?, si estamos vivos es por alguna razón; no preguntaremos por qué estamos vivos, sino para qué estamos vivos, ¿qué vamos a hacer en estos días, meses o años que tenemos por delante?; si respondemos a esta pregunta encontraremos la razón de vivir y volveremos a vivir tranquilos. México es más grande que sus problemas; te invito, querido viejo, a que superes estos momentos de pesar y vivas plenamente cada día.

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