Una de las medidas fundamentales para evaluar la situación de un país es el nivel de salud de su población. En México, durante mucho tiempo, la labor de médicos visionarios llevó a la creación de múltiples organismos e instituciones para ofrecer salud a los ciudadanos; la atención más o menos dispersa se concretó con la creación del IMSS, luego el ISSSTE y otros organismos; México contaba con decenas de hospitales de alta especialidad, cientos de clínicas, y la cobertura en salud aumentó con la creación del llamado Seguro Popular, que atendía a millones de ciudadanos carentes de cobertura.
Hasta que llegó el infausto 2018, cuando el señor que ya no está decidió destruir todo lo que se había construido, su ignorancia, tan grande como su maldad, lo llevó a cancelar el Seguro Popular de un plumazo, sin reparar en las consecuencias. Después trató de controlar la salud con un “detente” durante la pandemia de covid-19, y junto son su subdirector de Salud, Hugo López Gatell, llevó a la muerte a más de 300 mil mexicanos (por cierto, este asunto no ha concluido).
Su desprecio por la salud causó una crisis en el abasto de medicamentos que pretendió solucionar con proyectos fallidos de abastecimiento, que terminó con la creación de una Megafarmacia que no funciona.
Podemos seguir enumerando los fracasos surgidos de aquel individuo, la realidad es que mucho de lo que se había logrado desapareció, y ahora vemos las consecuencias.
La medición de Pobreza Multidimensional, elaborada por el Inegi mostró que el acceso a la salud fue una de las principales carencias que ha sufrido la población mexicana, y en 2024, estuvo sólo por debajo del acceso a seguridad social, “30.6 millones de personas presentaron esa carencia en el ámbito urbano, en el ámbito rural la cifra fue de 13.9 millones”.
Y en 2026, más de 44 millones de personas (cerca de 34%) carecen de acceso efectivo a servicios de salud públicos. Esta limitación se agrava por la escasez de medicamentos, la saturación de hospitales y un alto gasto de bolsillo familiar en consultas y farmacias privadas.
Esto tiene graves consecuencias: millones de personas no tienen un registro activo en instituciones como el IMSS, ISSSTE u otro sistema público. Muchas recetas médicas no se surten de forma completa en las clínicas de gobierno.
Los hospitales públicos sufren por falta de personal, equipo médico y tiempos de espera muy largos Gasto de bolsillo: los pacientes y sus familias deben pagar por su cuenta medicinas y estudios médicos privados
Y para evidenciar lo que ocurre en el sector salud, médicos y enfermeras, incluso camilleros de clínicas y hospitales se han manifestado en numerosas ocasiones, señalando las carencias de sus sitios de trabajo, que les impiden ofrecer a los pacientes un servicio digno y una atención oportuna.
Esto lleva a los organismos como la OCDE a confirmar el deterioro de la salud de los mexicanos, con diversos parámetros: esperanza de vida: 75.5 años en promedio, ubicándose al final de la lista junto a Letonia (muy por debajo del promedio de 81.1 años)
Gasto en salud: 1,588 dólares por persona al año, lo que representa 5.9% del PIB, frente a los 5,967 dólares del promedio del organismo. Personal médico: 2.7 médicos y tres enfermeras por cada mil habitantes, una de las densidades más bajas registradas. Infraestructura: 1.0 cama de hospital por cada mil habitantes, frente al promedio de 4.2 de la OCDE.
Yo he tenido conocimiento de casos de carencias: un paciente con problemas pulmonares recibió cita para consulta hasta el 8 de diciembre; otro no ha sido operado de próstata desde hace dos meses, porque el quirófano está en reparación, y uno más, ha ido a recibir sus medicamentos por ya cuatro veces, pero sin éxito; multiplique usted estos casos por miles y esta es la situación del país..
Y desafortunadamente, no vemos en el horizonte a un individuo, médico, especialista, visionario o lo que sea, capaz de revertir estas carencias, capaz de hacer un alto en el camino y reestructurar el Sector Salud en todos sus ámbitos. Ninguno de los funcionarios actuales, -a algunos de los cuales yo respeto y admiro- pueden superar el monumental embrollo burocrático que consume millones de pesos y no logra nada.
Es urgente que surja un individuo o un grupo de expertos en administración de la Salud para que se reconozcan las carencias: en diseño, en planeación, en organización, en abastecimiento, en solución de los problemas emergentes, para que poco a poco los ciudadanos veamos un Sector Salud saludable y efectivo, porque si no, seguiremos lamentando la enfermedad y la muerte trágicas e inútiles de cientos, miles de mexicanos.
Como médico, ya retirado, pero teniendo en la mente al proverbio de Hipócrates: “Primum non nocere”, espero que esta gravísima situación mejore, porque está de por medio la salud y la vida de todos los mexicanos
