Moby Dick

En salud, todos hemos padecido el estúpido manejo del covid, y sus gravísimas consecuencias, pero a Ahab/López no le interesa eso, 200 mil muertos no le importan, y en educación tampoco le importan los millones de estudiantes que se quedaron sin escuela

Lomas taurinas, 23 de marzo 1994, no se olvida.

Entre mis lecturas inolvidables se encuentra un libro, Moby Dick, de Herman Melville, que cuenta la historia del barco ballenero Pequod, a cargo del Capitán Ahab, individuo resentido y obsesivo, decidido a cobrar venganza contra una legendaria ballena blanca conocida como Moby Dick.

La trama es intensa de principio a fin, e incluye a Ismael, un aventurero que se incorpora al ballenero y conoce al capitán Ahab, quien tiene un solo objetivo: matar a la ballena blanca que tiempo atrás le arrancó la pierna izquierda mientras luchaban; Ahab es un capitán tirano que trata mal a la tripulación y no escucha las razones de Stubb, de Flack y otros marinos que le advierten el peligro y la inutilidad de perseguir a la Moby Dick, pero Ahab arriesga al barco y a la tripulación para buscarla por todos los mares, finalmente la encuentra y, durante tres días, Ahab la persigue y la ataca con furia, pero se convierte en víctima de su propia venganza, porque Moby Dick golpea el barco hasta hundirlo, mueren Ahab y los marinos y sólo Ismael sobrevive.

Melville plantea entre muchas cosas la pregunta: ¿puede un hombre vivir con tal odio que sea el responsable de su propia destrucción?

Todo esto lo he pensado al ver lo que está ocurriendo en nuestro México; hay un hombre crónicamente resentido, desde su infancia fue peleonero, quiso ser gobernador y no pudo, quiso ser presidente y, cuando perdió, su odio y rencor fue tal que paralizó la principal avenida de la ciudad y decidió erigirse como “presidente legítimo”; su odio creció día a día, y ahora en pleno poder, como el capitán Ahab, vive obsesionado por su particular Moby Dick: los sexenios anteriores y todos sus actores, y sufre una “obsesión ideológica de descalificar el pasado”, como dice Julio Frenk.

La economía está quebrada, en sólo 30 meses, Andrés Manuel solicitó al Banco Mundial $3,855,000,000 de dólares, mientras que Peña Nieto en 6 años solicitó sólo $2,331,000,000; Pemex perdió 480,996 millones pesos en 2020, la Consultora Kearney considera hoy que México es un país “tóxico” para invertir, pero Andrés Manuel, como Ahab, sólo ve la maldad de otros sexenios, ataca a quienes lo critican y rechaza la realidad.

En salud, todos hemos padecido el estúpido manejo del covid, y sus gravísimas consecuencias, pero a Ahab/López no le interesa eso, 200 mil muertos no le importan, y en educación tampoco le importan los millones de estudiantes que se quedaron sin escuela.

Hay actualmente 9.8 millones de nuevos pobres, lo que suma ya 74.5 millones, pero Andrés Manuel tiene otros datos; se perdieron 12 millones de empleos que poco a poco se están recuperando, más de un millón de empresas quebraron y él nunca movió un dedo para recuperarlas o protegerlas, su desprecio por la ciencia y la lógica es único, y sólo piensa en acabar con su Moby Dick, ese mítico pasado que no lo deja dormir.

Por todo lo anterior, creo que Andrés Manuel y el capitán Ahab tienen mucho en común, y es posible que su final sea semejante, no se puede vivir eternamente con odio, odio irracional y suicida, y lo malo es que en ese empeño está llevando a México —como Ahab llevó a su tripulación—, a una catástrofe económica, sanitaria y social nunca antes vista.

Por eso es saludable, al cumplirse 27 años del asesinato de Luis Donaldo Colosio, recordar cómo, en medio de un país en confusión, con violencia, corrupción y demás, Colosio quiso cambiar el rumbo; dijo entonces: “Queremos un México unido, queremos un México fuerte, queremos un México soberano, un México de libertades, un México con paz, porque son amplios los cauces de la democracia y de la justicia”; y también señaló: “es la hora de reformar el poder, de construir un nuevo equilibrio en la vida de la República; es la hora del poder del ciudadano, es la hora de la democracia en México”.

Lo que quería Colosio hace 27 años es hoy más vigente que nunca; a nosotros nos toca superar las miserias políticas y morales que inundan el panorama nacional, defender las instituciones destinadas a preservar la ley y votar para que el 6 de junio se restablezca paulatinamente el equilibrio de los Poderes de la República.

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