Los placeres del comer

Es muy importante que disfrutemos de la comida todos los días de la vida

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

¡Que se te vaya el hambre!

                                                                              Maldición Gitana

Mi querido viejo: en esta semana tuve la ocasión doble de compartir con amigos de la infancia el cumpleaños 80 de uno de ellos y la reunión de fin de año de otro, lo que nos permitió comentar una vez más la importancia que tiene el placer de comer, por muchas razones: el hombre es el único que cocina sus alimentos, porque los demás animales de la creación comen vegetales o animales crudos, sin sazón, sin cocimientos o aderezos y eso ha hecho que la cocina sea una fuente de placer que va más allá de la simple nutrición para sobrevivir;  –en nuestro grupo hay y ha habido excelentes cocineros que hacen las delicias de quienes tenemos la suerte de verlos cocinar–, la comida, por otra parte, es el mejor motivo para reunirse, y los amigos y parientes estrechan esos lazos de armonía y solidaridad que son la esencia de la vida, lo que les da sentido a nuestros años viejos.

Por eso, querido viejo, es muy importante que disfrutemos de la comida todos los días de la vida, y comento esto porque uno de los problemas que tenemos con los años es que nos comienzan a prohibir tal o cual alimento, nos dicen que tal platillo está vedado para siempre, nos amenazan con graves trastornos si nos atrevemos a ingerir carnes o algunas verduras o leche, quesos, el café y no sé cuántas cosas más.

Y para colmo, tenemos que los médicos de todas las especialidades, con información muy limitada en nutrición, que siguiendo los consejos de la abuela o los chismes de las comadres, tajantemente nos prohíben el alcohol o las carnes rojas, los mariscos, las tortillas, el huevo, los quesos, ¡qué sé yo!, aduciendo la colitis, la intolerancia a la lactosa, la elevación del colesterol, etcétera, y si hacemos caso a todas estas prohibiciones, terminaremos comiendo papillas o “chopitas”, y eso es triste y totalmente inadmisible.

¿Qué necesitamos?; primeramente, querido viejo, tener unos buenos dientes, porque si tu dentadura, propia o comprada, está bien, podrás masticar la comida, que es el primer paso para una digestión adecuada; luego necesitamos saber qué nos gusta comer, y pedir a quien nos prepara la comida lo que nos apetece y la forma cómo nos gusta comerlo, y lo comento porque muchas personas quieren cuidar la salud de nosotros limitándonos en los alimentos o negándonos tal o cual platillo.

“El apetito viene con el comer”, dice un viejo proverbio francés, y hay que tenerlo en cuenta porque es posible que, si tienes meses o años de mal comer, no tengas apetito y creas que perdiste el gusto por comer, y te entiendo, porque comer papillas insípidas o guisados sin sal no es agradable, y eso nos hace recordar la maldición gitana: “¡que se te vaya el hambre!”.

A nuestros años, comer bien, alimentos bien sazonados, en raciones moderadas o pequeñas, degustando cada bocado, masticando bien y rociando la comida con una buena copa de agua de frutas, cerveza o vino es uno de los mejores placeres que podemos tener, y si tenemos amigos con quienes compartir la comida, el placer será más grato y, mejor aún, si nosotros mismos preparamos algún platillo, disfrutaremos no sólo consumir, sino cocinar los platillos.

De todos los placeres que nos ofrece la vida, el comer es el único que podremos disfrutar hasta el último día de nuestra existencia; mientras llega ese día, recordando a San Pablo en su carta a los Corintios y también a los Epicúreos: “Comamos y bebamos, porque mañana hemos de morir”.

Facebook Bien y de Buenas-Rafael Álvarez Cordero

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