Las mañaneras

Frente a la amenaza de enviar a miles de mexicanos al país, afirma que tendrán todo lo necesario.

Cuando los hechos hablan,

las palabras no son nada.

Pierre-J Proudhon

Los hombres y mujeres poderosos de todos los tiempos han tratado de dominar con la palabra, porque el poder de la palabra es grande, recordamos los discursos de Hitler y Mussolini, las interminables peroratas de Fidel Castro, de Chávez y las conversaciones de Nicolás Maduro con un “pajarito”. El que ya no está aquí decidió hacer de sus conferencias matutinas su forma de gobierno, y así nos fue, palabras vacías, mentiras sin cuento, ocultamiento de datos, negación de realidades, corrupción al hablar, insultos, ofensas, calumnias, un diccionario entero de vocablos para dañar y destruir, las mañaneras han sido el peor ejemplo de oratoria pedestre y vulgar, repetida por sus bots y seguidores pagados por él.

Pero aquí estamos, y desde hace meses quien ocupa la silla presidencial, decidió repetir el numerito y cada mañana habla y habla durante más de dos horas y, aunque ya sabemos que “no es lo mismo, lo mismo que lo mesmo”, es preciso analizar lo que está ocurriendo.

La presencia de Claudia Sheinbaum en el Salón Tesorería ya ha sido analizada por los expertos en imagen corporal: titubeante, sin saber cómo responder, evasiva a veces, envalentonada otras, hace chistes, pero se ve que sufre al estar ahí tantos minutos.

Pero sus palabras son quienes la definen: “Todo va bien”, ¿va bien a dónde?, ¿al fracaso?, porque una y otra vez se niega reconocer todo lo que ocurrió en esos seis años, el fracaso monumental de Pemex, el conflicto de los proveedores a los que no les pagan, la estúpida designación de Octavio Romero al Infonavit, que daña a empresarios y trabajadores, la confirmación de Francisco Garduño en Migración, la protección al exgobernador de Veracruz de triste memoria, al gobernador de Sinaloa, a pesar de las multitudes que piden su cese, al exgobernador del Estado de México, a Rocío Nahle a pesar de su corrupción a Cuauhtémoc Blanco, … y a tantos más.

Pero, además, siendo la delincuencia la más grande herencia de quien ya se fue, aunque no dice abrazos, no balazos, niega la magnitud del problema, que tiene que resolver “solo” García Harfuch, porque parece que nadie le ayuda.

Gastar dinero para hacer una manifestación a los “cien días”, como si hubiera algo que celebrar, muestra su espíritu de Kermesse, negando la realidad que amenaza a cada mexicano; ese “festival” muestra quién es Claudia Sheinbaum, no da para más.

Pero su labor más lamentable ha sido en el área internacional, ya que ni entiende ni quiere entender qué significa Donald Trump para el país; frente a la primera amenaza, su frase: “Tenemos el Himno Nacional” mueve a risa y a tragedia; su afirmación de que ya habló con él y todo va bien, muestra su ignorancia, y su apoyo a Maduro en Venezuela y al régimen de Panamá confirma que en asuntos internacionales está en Babia. Y ahora, frente a la amenaza de enviar a miles de mexicanos y de otras naciones a territorio nacional, afirma que tendrán todo lo necesario (¿?).

Creo que esto y mil razones más, La (vice)Presidenta tiene que dejar la mañaneras y dedicarse a trabajar con los pocos miembros capaces de su gabinete, mientras se defiende del hijo del que ya se fue y de otros morenistas que ansían su puesto.

Por cierto, me han preguntado por qué no he vuelto a escribir aquí el nombre del expresidente, simple y sencillamente porque no lo quiero ver en mis escritos, tal vez manche el papel como manchó a México día y noche. Sé que está preso, preso en su jaula de oro, preso en sus elucubraciones, preso en sus obsesiones, no sale de ahí porque sabe que si pone un pie en la calle, miles de mexicanos lo agredirían. Sigue preso esperando que la historia lo juzgue y lo condene y tal vez lo aprese como ha ocurrido con otros presidentes.

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