La bailarina de Auschwitz y tú
Mi querido viejo: como señalaba la semana pasada, estos días son para hacer un resumen de lo que pasó el año que ya se fue y pensar en el año que tenemos por delante. Y aquí escribí hace unos días acerca de los queridos viejos que, por muy diversas razones, no ...
Mi querido viejo: como señalaba la semana pasada, estos días son para hacer un resumen de lo que pasó el año que ya se fue y pensar en el año que tenemos por delante.
Y aquí escribí hace unos días acerca de los queridos viejos que, por muy diversas razones, no disfrutan estos años: sus penas, dolores, sufrimientos, enfermedades y ausencias transforman sus días en tristes jornadas sin que haya nada que los anime o los alivie.
Te comparto que mi hija Mari Carmen vino de California este fin de año, su visita me causó enorme alegría. Conversamos de todas las vivencias increíbles que tuvo durante el 2024. Me contó la gratísima experiencia de conocer en persona a la doctora Edith Eger, en un encuentro presencial en La Jolla. Lo llamaron Illuminate y en dos días Edith, junto con otros expertos, ofrecieron su experiencia de vida y su manera de enfrentar el dolor, la pérdida y las dificultades desde muy diversos enfoques psicológicos y de desarrollo personal. Mi hija regresó feliz y agradecida por ese encuentro, y creo que platicar acerca de esta extraordinaria dama merece unos renglones, porque nos puede ayudar a ver la vida de una manera distinta.
Edith Eger nació en Hungría en el seno de una familia judía, en 1944 su familia fue llevada a Auschwitz donde vivió los horrores de la guerra y el salvajismo de los carceleros nazis que golpeaban y mataban a todos sin fijarse si eran hombres, mujeres o niños. Ella vio cómo sus padres fueron asesinados en la cámara de gas y vio el humo del crematorio donde estaba su madre. Ella, de 16 años, y su hermana permanecieron juntas encontrando fortaleza una en la otra. Edith bailó para el siniestro Josef Mengele, criminal de guerra que se jactaba de jugar con los detenidos antes de matarlos o buscar artistas que cantaran, tocaran o bailaran, para su diversión.
Sorprendentemente, Edith emprendió una lucha singular para sobrevivir, tanto en los campos de exterminio como en Checoslovaquia, y después de grandes peligros y muestras de valor pudo partir con su esposo e hija hacia Estados Unidos y comenzar una nueva vida.
Pero… ¿qué pasaba por la mente de Edith al recordar con terrible precisión aquellos momentos en que perdió a sus padres de la manera más horrible, al recordar los cientos y miles de seres humanos sacrificados salvajemente? Durante años vivió esa zozobra sin darse cuenta de que huía de sus recuerdos y su dolor. Conoció a Viktor Frankl, el gran filósofo, psiquiatra y escritor de El hombre en busca de sentido, quien también había estado preso en los campos de exterminio, y en ese momento se dio cuenta de la necesidad de curar sus heridas, de hablar abiertamente del horror que había vivido, y de perdonar, como camino a la paz interior y de que la vida tiene sentido a pesar de cualquier circunstancia.
Y esa mujer, que se presentó en La Jolla recién en noviembre, con 97 años, iluminó con sus palabras a todos los que la oyeron, ya que desde hace años dedicó su vida como psicóloga a ayudar a los demás y a descubrir juntos la manera de sanar todas las penas, para encontrar sentido en todas las circunstancias de la vida y seguir adelante. Dejar de tener mentalidad de víctima y convertirse en sobreviviente, en una persona que se hace responsable de sus propias elecciones, que es esta es la única libertad que todos tenemos.
¿Cuál es el mensaje de Edith? Es muy sencillo y a la vez requiere un gran esfuerzo mental y emocional: debemos dar a cada momento de nuestra vida el lugar y la importancia que merece y, en tanto sea posible, sentir, reconocer y enfrentar esos recuerdos dolorosos, negativos y depresivos; como ella misma menciona, no se trata de “superar”, sino de “aceptar”, ahí está el secreto.
Es importante decir que Edith escribió su libro La bailarina de Auschwitz (The Choice) cuando cumplió 87 años. Así que siempre tenemos tiempo de crear y dar lo que somos.
La vida es hermosa, querido viejo, tú como yo, como todos, hemos tenido momentos tristes, a veces muy tristes, pero estamos aquí, y cada día puede ser de autoafirmación, liberación y de tomar la decisión de encontrar sentido en cada momento y es lo que deseo para ti y todos los que amas en este 2025.
