Mi querido viejo: aunque no te conozco personalmente, estoy seguro que tu amor por la pelota y el futbol nació contigo, y que, como miles de niños en todo el mundo conociste desde pequeño el placer de patear una pelota, y más adelante jugaste en el patio del colegio o en la calle; para ti, como para miles de niños, el futbol ha sido parte de sus vidas.
Al igual que tú, cuando fui pequeño acompañé a mis padres a comprar los boletos para el juego, luego hacíamos cola para entrar y finalmente llegábamos contentos a tiempo para ver el partido; luego conocimos otros estadios en donde disfrutamos juegos nacionales e internacionales, y el placer de ver jugar a mi equipo, los Pumas de la UNAM, en el estadio Olímpico de la Ciudad Universitaria, es algo que no se olvida.
Como tú, ya soy viejo y me gusta recordar aquellos juegos, aquellos equipos que daban batallas sin cuartel, que disputaban con gallardía el balón y lo llevaban poco a poco cerca de la portería para finalmente descargar un tiro que, como bala de cañón, entraba en el marco sin que el portero pudiera hacer algo para impedirlo.
¿Cómo eran aquellos jugadores?, la talla no importaba, porque muchos eran chaparritos, pero todos tenían una voluntad inquebrantable para triunfar sobre el oponente; su fuerza, su arrojo, su decisión de triunfar llevó al cronista deportivo Ángel Fernández a acuñar la frase inolvidable: “¡el futbol es el juego del hombre!”, y su optimismo le hacía invitar “a todos los que quieren y a todos los que aman el futbol”.
Pero, como todo, el futbol ha cambiado; de entrada, los expertos han señalado que los futbolistas, que corren y se detienen cientos de veces durante el partido, fuerzan a su corazón a acelerar y detenerse y eso puede ocasionar que su corazón sea lento, que tenga bradicardia, aunque el jugador no lo note, y su corazón en reposo tenga entre 30 y 50 latidos por minuto.
Afortunadamente, los exámenes a los que se someten los futbolistas profesionales les permiten confirmar su salud, para que desarrollen su juego a todo vapor.
Digo esto porque, siendo fanático del futbol toda mi vida, me da tristeza ver que muchos de los partidos, de equipos nacionales o internacionales, parecen una farsa más que un encuentro entre dos equipos.
¿Cuántas veces vemos a los jugadores tirarse al piso y con el rostro descompuesto como si sufrieran un dolor mortal con un simple roce con el contrario?, ¿cuántas veces el juego se interrumpe por alguien que requiere las asistencias porque no se puede levantar, para finalmente seguir jugando como si nada?
Ésta es una de las razones por las que el futbol ya no es “el juego del hombre”, sino un sainete protagonizado por hombres frágiles que suspenden el partido una y otra vez arrojándose al suelo presas de un “insoportable dolor”. En un solo partido yo he visto esas pantomimas más de 40 veces, lo que no es aceptable desde ningún punto de vista.
Lo malo es que ese mal ejemplo se puede ver ya en las ligas semiprofesionales, ya que los jugadores aprenden a hacer un tiro a gol, pero también a tirarse al piso por cualquier motivo.
Amo al futbol tanto como tú, querido viejo, disfrutémoslo aunque tengamos que soportar a los payasos de la cancha.
