Dictadura y destrucción

En los seis años que recién terminaron, el gobierno aniquiló proyectos valiosísimos.

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Cuando la dictadura es un hecho, la revolución es un derecho.

J. Stalin

Cuando yo nací, en los años 30, México ya era una democracia, después de asonadas, guerras intestinas, levantamientos y la revolución, en 1917 tuvimos una Constitución que fue aceptada por todos. Aún faltaba mucho por hacer, pero esa era la ruta para ser un país libre, un país de derechos, un país progresista.                                                                        No relataré lo que sucedió en los siguientes sexenios, gobernantes brillantes, buenos o mediocres, un sistema político con partidos que tenían sus principios básicos, normas, etcétera, pero que casi nunca pudieron interesar a los ciudadanos; en las elecciones votaban –y votan– 15 o 20 por ciento de la población.

Así estábamos, unos años bien, otros no, pero siempre hubo personajes creativos e inteligentes que contribuyeron a la creación de un México moderno en economía, salud, relaciones internacionales, educación, investigación, turismo, arte y cultura, nuestro México creció.

Y un día apareció un individuo que había sido catalogado como “una amenaza”, por su agresividad, había realizado plantones porque quiso ser gobernador, luego quiso ser presidente y, como perdió, bloqueó la principal avenida del país por seis meses.  En 2011 fundó el partido Movimiento de Regeneración Nacional, Morena, “para impulsar la democracia y la defensa de la soberanía de México”. En el año 2018 Morena y su líder ganaron la Presidencia, y escuchamos una y otra vez el discurso falaz de que era una “Cuarta Transformación”, como las que hubo en la Independencia, la Reforma y la Revolución.

Lamentablemente, esos seis años que recién terminaron confirman algo que conocen bien los analistas políticos:  para triunfar se necesita inteligencia, capacidad, análisis, evaluación de proyectos y programas, y, por supuesto, la colaboración de los mejores hombres y mujeres, los más capacitados.

Nada de esto sucedió: el gobierno aniquiló proyectos valiosísimos, destruyó el sistema de salud, derrochó miles de millones de dólares en proyecto estúpidos e inviables, canceló programas educativos, de inversión, fideicomisos, pero, sobre todo, permitió que la delincuencia y los narcotraficantes se apoderaran del país, hoy México es un narcoestado.

A más de lo destruido en seis años, el nuevo gobierno utilizó la fraudulenta sobrerrepresentación para tener poder absoluto y de esa manera está destruyendo la República, aniquila la Constitución, borra al Poder Judicial, y están eliminando al INE, al Inai, Cofece, IFT, Coneval, CRE, y a todos los organismos que fueron creados para el control adecuado de la marcha del país.

Con todo esto se instala una dictadura, se cancelan los derechos humanos y sus decisiones nos afectarán a todos. La última decisión, aberrante y criminal de ordenar la reelección de la titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, en un intento más de tapar el sol con un dedo para que se conozcan los miles de violaciones hechas por la pasada administración; a su designación se opuso inútilmente la señora Presidenta, lo que tristemente confirma que ella no manda ni podrá mandar.

La creciente incapacidad de la señora Presidenta y su equipo para gobernar es evidente: más asaltos, más muerte, más destrucción, terrorismo, miedo en todas las ciudades, una economía vacilante, un sistema de salud deshecho, mentiras en los videos de promoción de la 4T, mentiras en las mañaneras, “no hay terrorismo, el problema es ente dos bandas”, “el premio al señor López-Gatell y premio Nobel a la Presidenta son legítimos”. Etcétera.

No podemos ocultar lo que ocurre: vivimos ya en la dictadura y vemos la destrucción del país, pero debemos recordar las palabras de Gene Sharp: “La historia demuestra que todas las dictaduras son transitorias”; y Eduardo Galeano afirmó: “En tiempos de dictadura, el silencio es el peor enemigo de la libertad”. Los ciudadanos libres tenemos mucho qué hacer, como dijo Yogi Berra: “Esto no se acaba hasta que se acaba”.

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