¡Vaya semanita!
Vaya semana que nos ha tocado vivir, porque después de una gran zozobra por las elecciones presidenciales en Francia, el domingo tuvimos la alegría de saber que Emmanuel Macron había resultado triunfante en las preliminares y eso llevó a Francia, a toda Europa y al resto del mundo a respirar con tranquilidad, ya que los últimos acontecimientos políticos: la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea y el arribo de un racista, xenófobo, machista e ignorante a la Casa Blanca, hacían pensar que el sentimiento antiglobalizador podría seguir en Francia y en otros países de Europa.

Rafael Álvarez Cordero
Viejo, mi querido viejo
Pero no, ni el apoyo entusiasta de Trump a Marine Le Pen, ni los vaticinios de que la Unión Europea estaba a punto de desaparecer, evitaron que triunfara en las elecciones Emmanuel Macron, individuo singular, economista exitoso, colaborador de François Hollande como ministro de Economía, Recuperación Productiva y Asuntos Digitales (?), puesto que dejó en agosto de 2016 para dedicarse de lleno a su nuevo partido En Marcha, que en cuestión de meses logró lo impensable: sin tener un gran aparato político, triunfó por encima de los viejos lobos de mar de los partidos tradicionales y, sobre todo, superó a la ultraderechista Marine Le Pen, tan racista, xenófoba, antisemita y escandalosa como Donald Trump.
El optimismo cundió por toda Europa y los candidatos tradicionales, tanto republicanos, como socialistas, dijeron que apoyarán a Macron, incluso el propio presidente Hollande pidió a los franceses que voten por él en la segunda vuelta.
Y esto lleva a reflexionar lo que ha ocurrido en épocas recientes que ha trastocado la política y la economía mundial; la inevitable globalización que hemos vivido en el último siglo, alimentada por los sorprendentes avances en tecnología y comunicaciones, hizo que una parte de la población sintiera que “le estaban quitando algo”, que ya no eran dueños de su vida, y que la solución era volver atrás; ésa fue la causa por la que los “viejos”, conservadores, votaron por el Brexit, y por la que norteamericanos ignorantes y resentidos votaron por Trump; por otra parte, los jóvenes son cada vez más escépticos y no creen en los partidos políticos, reaccionaron tarde y eso explica los reclamos, manifestaciones y demandas de revocación después del Brexit y después de la elección de Donald Trump.
El programa progresista de Emmanuel Macron, que creó su partido En Marcha en unos meses (algo impensable en México por las reglas absurdas del INE) y varias veces ha dicho: “yo puedo solo”, son como una bocanada de aire fresco en los círculos políticos internacionales; buena semana que comenzó con este importante triunfo.
Y la semana termina con los primeros cien días del arribo de Donald Trump al poder, cuya descripción será motivo de largos tratados de política, economía, gobernanza, sicología y sicopatología, porque nunca en la historia de Estados Unidos había ocurrido tal cantidad de decisiones atropelladas, equivocadas, insensatas, antidemocráticas e inútiles; Trump pensó que firmar Órdenes Ejecutivas era como hacer tamales, y todos los días firmó y firmó, creyendo que su firma era ley; esas decisiones podrían haber sido acatadas ciegamente en Venezuela o en Cuba, pero en Estados Unidos los contrapesos en el Capitolio y en el Poder Judicial son reales y el POTUS se quedó con un palmo de narices porque muchas de sus órdenes ejecutivas fueron anuladas; al mismo tiempo usó la comunicación en tuits como adolescente arrebatado, es el hazmerreír de todo el mundo, caricaturas, videos, presentaciones en televisión, y tiene las cifras más bajas de popularidad que presidente alguno, lo que confirma el fracaso de este individuo, que no sabe que no sabe, no entiende que no entiende y cuya vida política estará para siempre marcada por estos cien días.
El triunfo de Macron y el fracaso de Trump son dos razones para sentir que esta semana ha sido buena, incluso con la noticia de que Enrique Peña Nieto, después de hablar con Justin Trudeau, de Canadá, envalentonado, habló con Trump y lo puso en su lugar, y le dijo que si anula el TLC no habrá ninguna negociación, y Trump accedió; ¡vaya semanita!
Todo suena muy bien, hasta que volteamos los ojos a nuestra realidad mexicana: se rompen récords de violencia: secuestros, robos, homicidios y demás ilícitos, se atrapan “capos” que en horas son sustituidos por otros, la pobreza aumentó en estos años, la carestía está aquí; además, la corrupción, presente desde las cúpulas del poder hasta los vericuetos de los ministerios públicos y los policías, es noticia tan reiterada que ya no es noticia, se conocen las tropelías de decenas de gobernadores y centenares de funcionarios, algunos son protegidos por el maldito fuero y otros por el bendito manto de la más alta autoridad.
Y los legisladores ya están de vacaciones, dejan rezagados, archivados y olvidados cientos de asuntos de la mayor importancia, desde la despenalización de la mariguana hasta el nombramiento del fiscal Anticorrupción, pero no tienen prisa, porque cada uno, al ocupar su puesto, apagó su cerebro y encendió el dedo con el que votará en automático por lo que diga su jefe y vivirá tranquilo porque tiene fuero; ¡vaya semanita!