Cambiemos el discurso

Tengo el placer de escribir para los diarios del país desde hace más de 30 años, y he escrito para Excélsior desde mucho antes de que el Grupo Empresarial Ángeles lo adquiriera, y recuerdo con alegría aquel marzo de 2006 cuando con el lema “Cambiemos el discurso” nuestro Excélsior apareció con un nuevo formato.

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Lo que me motiva a escribir es simplemente mi condición de ciudadano, mi amor por México y la certeza de que cada mexicano debe hacer algo por su país, con el fin de que todos vivamos mejor; como médico me preocupo por la salud de mis pacientes y la salud de la sociedad, como analista trato de encontrar las razones o sinrazones que hacen que nuestro riquísimo país no logre ser lo que podría ser.

Y en los últimos años, tal vez ocho o diez, al revisar lo que he escrito me encuentro con una frecuencia cada vez mayor, comentarios sobre la pobreza del país, sus redentores que terminan siendo incapaces de cambiar el panorama, sobre las enfermedades en el país, sus campañas y programas que no cambian las enfermedades crónico-degenerativas, la obesidad, la diabetes, etcétera; sobre los legisladores, 500 individuos que teóricamente están ahí para redactar leyes en beneficio de los mexicanos, pero se han convertido en individuos holgazanes, que trabajan poco, no abordan los principales problemas del país, legislan siguiendo los dictados de la Presidencia, bloquean las iniciativas benéficas como la despenalización de la mariguana, la eliminación del fuero, la aprobación de los matrimonios igualitarios, la ley anticorrupción y todas las que le siguen, y no sólo eso, sino que al llegar el fin de año se regalan bonos ultramillonarios y aguinaldos, ignorando que la mitad del país está sumida en la pobreza; no han sido capaces de cambiar a México.

Y puedo seguir, porque al revisar mis artículos de hace uno o tres o cinco años, el discurso es el mismo: violencia incontrolable, por incapacidad y corrupción de los ministerios públicos, venalidad y corrupción de los jueces, componendas y corrupción de las autoridades y, con ello, cientos de miles de muertos, miles de desaparecidos, millones de hogares enlutados para siempre mientras alegremente las autoridades hacen gala de alegría en una campaña que causa irritación general: “Lo bueno cuenta y cuenta mucho”.

Y ahora, gracias a las redes sociales y a las investigaciones realizadas por ciudadanos, conocemos más a fondo este pozo de corrupción que son las gubernaturas, y si antes hablábamos de que los gobernadores estaban ahí para robar, ahora lo comprobamos plenamente, y no pasa nada; todo el aparato gubernamental parece hecho para tapar sus delitos, para ocultar que los gobernadores usan nuestro dinero para apoyar al PRI, como lo hizo el gobernador de Chihuahua, y que la cadena de corrupción continúa con sus ayudantes, sus parientes, sus amigos y así en una historia sin fin; 80 años del PRI no han sido capaces de cambiar a México y llevarlo por una senda de triunfo.

Me han preguntado por qué critico la campaña publicitaria de “lo bueno también cuenta y cuenta mucho”, y como médico respondo: ¿qué pensaría usted de un médico que tuviera enfrente a un individuo totalmente invadido de cáncer en los huesos, caquéctico, pálido y ojeroso, y que lo tomara de la mano y le dijera: —amigo: no se preocupe, debe saber que su hígado y sus riñones están en perfecto estado. ¡Lo bueno no cuenta si lo demás está gravemente dañado!

Y vuelvo a pensar en “Cambiemos el discurso”, porque tal parece que en todos los diarios y en todos los noticiarios cada edición es un rosario de quejas, denuncias, evidencias de que vamos mal, muy mal.

¿Qué pensaría usted, estimado lector, de cambiar el discurso y unir nuestro empeño a los cada vez más fuertes grupos de ciudadanos, Alto al secuestro, Mexicanos primero, Instituto Mexicano de Competitividad (Imco), Transparencia Mexicana, Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) y tantas otras asociaciones, que han actuado y han logrado algunos resultados?

“Cambiemos el discurso” porque la letanía de quejas no llega a nada, “cambiemos el discurso” y alcemos la voz como ciudadanos pensantes, lo podemos hacer reuniendo firmas como sucedió con la ley 3de3 gracias a la ayuda del internet; estoy seguro que tendremos resultados.

Y mientras, al terminar cada artículo, escribiré un mensaje personal que espero llegue a su destino; el funcionario podrá leerlo o no, responderlo o ignorarlo, pero quedará ahí, en espera de que también cambie su discurso.

Señor presidente Enrique Peña Nieto: en su mensaje de fin de año, no es bueno que actúe como el médico que le dice al canceroso que su hígado está bien; ya no hable de que “lo bueno cuenta…”, hable como Presidente de 120 millones de mexicanos.

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