¿Arruguitas de la piel?

Las arrugas de la piel son ese algo indescriptible que procede del alma”. S.BeauvoirQuerido viejo: conversando con un amigo, compañero de toda la vida, la plática llegó a un tema que a veces nos preocupa a los viejos, pero más a las mujeres cuando el tiempo ...

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

    Las arrugas de la piel son ese algo indescriptible que procede del alma”. S.Beauvoir

Querido viejo: conversando con un amigo, compañero de toda la vida, la plática llegó a un tema que a veces nos preocupa a los viejos, pero más a las mujeres cuando el tiempo pasa: el cuidado de la piel.

El corazón no envejece, el cuero es el que se arruga”, dice el refrán, pero ¿por qué? La piel es el mayor órgano del cuerpo humano, tiene una extensión de más de dos metros cuadrados; su espesor varía desde medio milímetro hasta cuatro milímetros o más; se cambia constantemente, porque libera cerca de 50 mil células cada minuto, pero lo interesantes es que es maravillosamente elástica, y lo puedes comprobar si conociste a un amigo delgado y años después ves que aumentó más de 40 kilos, ¡su piel se estiró y no se rompió como se habría roto una tela!

Pero al paso del tiempo podemos perder pequeñas cantidades de grasa, perdemos músculos, la elasticidad de la piel va disminuyendo, ¡aparecen las arrugas!, y como te habrás dado cuenta, cada individuo es diferente, uno tiene una piel fresca y tersa y otro, de la misma edad, tiene el cuerpo lleno de arrugas.

En el mundo en que vivimos, en donde el ideal es la belleza, la lozanía y nadie quiere envejecer, siempre hubo en cada ciudad, en cada pueblo, alguien que se dedicó a fabricar cremas y pócimas para la piel, una de ellas fue, sin duda, Helena Rubinstein judía polaca (1870-1965), quien unió sus conocimientos de cremas de belleza con el químico francés Eugène Schueller y fundaron L’Orèal, a la que siguieron cientos de compañías de productos de belleza que ofrecen “el milagro de la juventud eterna”.

Luego, a mediados del siglo pasado surgió la cirugía estética y se diseñaron las más atrevidas técnicas para lograr que la piel permaneciera tersa, brillante,  y se pensó que el problema estaba resuelto. Pero no lo está por dos razones: a una persona que avanza en la edad se le puede restirar la piel, “una refrescadita”, dicen, para que la apariencia sea más fresca y lozana, pero si no se alimenta bien, sube o baja de peso por mal comer y no hacer ejercicio, los músculos se perderán poco a poco, la grasa disminuirá y aunque la piel esté restirada, el aspecto del conjunto no será el más agradable.

Pero, independientemente de los tratamientos para lograr que la piel permanezca lozana, quiero compartir un pensamiento respecto a las arrugas: esos surcos de la piel, esas pequeñas grietas que nos cubren, son como testigos de los años que hemos vivido; todos nuestros actos y vivencias cotidianas van cincelando los rasgos faciales: de nuestros ojos, —alegres o tristes—, de nuestra boca, —amable o amarga—, de nuestra cuerpo, —erguido o encorvado—, y eso no se arregla con cirugía ni con cremas y pomadas mágicas, somos lo que somos por lo que hemos sido.

Tú conoces a queridos viejos cuya cara refleja una vida llena de actividad y de alegrías, y otros que han sufrido penas y amargura; sus vivencias y la forma como cada quien ha vivido su vida, se refleja en las arrugas de su piel.

Si nos llevamos bien con nuestra piel, la cuidamos con aseo y pulcritud, tal vez con algo tan sencillo como una crema humectante (la simple glicerina, que cuesta unos centavos) y si cuidamos nuestro cuerpo con buena alimentación, ejercicio moderado y una actitud positiva y optimista, esas arugas hermosas serán el testimonio de nuestra forma de vivir.

Pero ya estoy viejo y tengo arrugas, no van a cambiar”, podrás decirme; esto no es totalmente cierto, querido viejo; porque si dejas de fumar, la piel se verá menos seca y acartonada, si haces ejercicio, el sudor la hará verse más tersa, y si ganas o recuperas músculo, te verás mejor, tus arrugas serán sanas.

No hay que olvidar que con el tiempo se presentan manchas que pueden ser de poca importancia o el principio de un cáncer de la piel; si tienes una manchita que permanece, o que aumenta de tamaño o que sangra, ve de inmediato con un buen dermatólogo, él te dirá qué hacer.

                Médico y escritor

                                                          Raalvare2009@hotmail.com

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