Los goces de los abuelos
Como un río inagotable, padres, hijos y nietos son testimonio de vida. J. Frank Mi querido viejo: el momento es difícil de describir, ahí estaba, bien plantado en medio del escenario y, junto con su compañero, entonaba una de las canciones navideñas que se habían ...

Rafael Álvarez Cordero
Viejo, mi querido viejo
Como un río inagotable, padres, hijos y nietos son testimonio de vida.
J. Frank
Mi querido viejo: el momento es difícil de describir, ahí estaba, bien plantado en medio del escenario y, junto con su compañero, entonaba una de las canciones navideñas que se habían escogido para el concierto navideño del Conservatorio Nacional de Música.
Ahí estaba, mi nieto Diego, 20 años cumplidos, magnífica voz de tenor que llenaba el auditorio ante la admiración de propios y extraños; y esta frase, “propios y extraños” tiene aquí más sentido, porque nosotros los “propios”, sus padres, su hermana, sus tíos, sus amigos, lo queremos y lo admiramos a priori, pero los extraños también se dieron cuenta de la calidad de la voz de este joven que me hizo abuelo hace 20 años, ¿te puedes imaginar la emoción que yo sentí cuando lo vi y lo oí cantar?
Este es, mi querido viejo, uno de los muchos goces que podemos tener los abuelos y nadie más puede tener: darnos cuenta que la vida sigue, que lo que surgió hace años con el amor de nuestra vida, los hijos queridos que trajimos al mundo, se convierten en adultos y repiten el ciclo eterno al concebir un hijo, nuestro nieto, además de causar una gran alegría, nos lleva a pensar que nuestro paso por aquí no ha sido en vano.
Los nietos nos proporcionan goces que no conocíamos, porque cuando fuimos padres —tú te recordarás, querido viejo—, junto con la alegría de tener hijos estaba la ocupación y preocupación por su salud, su educación, su futuro, y más de una noche no dormimos tranquilos pensando en que “algo” les podía pasar; en cambio, al llegar los nietos, la responsabilidad es de los papás y de nosotros sólo es la alegría, el goce, auténtico goce de ver la vida crecer y florecer, como en el caso de Diego, que a pocos meses de haber entrado al Conservatorio ha desarrollado sus cualidades musicales en una forma sobresaliente.
Además, mi querido viejo, es posible que tú, como abuelo, te hayas sorprendido por todo lo que los nietos nos pueden enseñar; su mundo es totalmente diferente al nuestro, no es mejor ni es peor, es diferente; ellos no saben y tal vez nunca sabrán de trompos, canicas, baleros, bote pateado y demás, pero en cambio, saben y te enseñarán los mejores programas electrónicos (aplicaciones, les llaman) para que tu teléfono celular se convierta en un estudio, una biblioteca, que te puedas comunicar con el mundo entero, que filmes acontecimientos importantes, etcétera, etcétera; ellos te enseñarán, como me han enseñado a mí Danny y Rafael, y eso también es motivo de gozo, saber que esa generación, que será la que lleve la batuta en el mundo, avanza a pasos agigantados.
Disfruta a tus nietos, querido viejo, disfruta lo que ellos hacen y, si me permites un consejo, ¡nunca les digas “en mis tiempos…”!, porque tus tiempos son éstos, hoy, y los puedes compartir con ellos. Cuando alguien dice “en mis tiempos”, como añorando lo que fue y ya no será, se pierde el placer de vivir plenamente el presente; nuestros tiempos son todos, querido viejo, desde aquellos años en que aún teníamos pantalones cortos hasta hoy que la vida nos regala un día cada mañana.
Si quieres compartir tus goces como abuelo, házmelo saber y aquí lo comentaremos.
Médico y escritor