Y el balón rodará… entre amagos de Trump

Pascal Beltrán del Río

Pascal Beltrán del Río

Bitácora del director

Las estruendosas manifestaciones de la CNTE por las calles de la Ciudad de México, justo en la semana previa a la inauguración de la Copa del Mundo, han saboteado los planes gubernamentales de usar la fiesta futbolera para que la economía nacional salga un poco de su letargo. Pero también han tenido una consecuencia insospechada: hacer que se deje de lado, informativamente hablando, la complicada relación bilateral con Estados Unidos.  

El tema llevaba algunos días arrumbado en la opinión pública. Luego de que la presidenta Claudia Sheinbaum pronunció su discurso del 31 de mayo en la Plaza de la República, con una encendida defensa de la soberanía nacional, se esperaba que llegara en cualquier momento una dura respuesta de Washington. Había sucedido lo contario: mensajes de tono conciliador por parte del embajador estadunidense, Ronald Johnson, y del secretario de Seguridad Interior, Markwayne Mullin.

Eso fue hasta el martes, pues ayer finalmente habló el presidente Donald Trump. Y no lo hizo de forma muy comedida que digamos.   

En un momento en que los reflectores internacionales apuntan hacia Norteamérica –por la celebración de la Copa, organizada por los tres países–, Trump volvió a sacudir los cimientos de la relación con México. 

Desde el Despacho Oval de la Casa Blanca, el mandatario ofreció una rueda de prensa en el marco de la firma de una ley de financiamiento para la seguridad fronteriza. Lejos de emitir un mensaje de concordia diplomática, aprovechó la coyuntura para lanzar duras advertencias al vecino del sur, condicionando el futuro del T-MEC y amenazando con acciones unilaterales en la lucha contra el narco. 

Su retórica ensombreció el ambiente político regional a escasas horas de que comience a rodar el balón en la Copa del Mundo. El punto medular de su intervención fue la puesta en duda sobre la continuidad del T-MEC, cuya revisión formal está en el horizonte inmediato de este año. Trump fue contundente al declarar que no garantiza la renovación del acuerdo comercial debido a que a su país le va mucho mejor por su cuenta. 

Con su habitual pragmatismo nacionalista, afirmó que Estados Unidos no necesita nada de lo que tienen México y Canadá, pero que sus socios sí necesitan todo lo que su país posee. Bajo esta premisa, les exigió que den un mejor trato a Estados Unidos si pretenden conservar el acceso a su mercado. 

Minimizó el valor de las importaciones clave al señalar que no requieren los automóviles, la madera o la energía procedentes de sus vecinos, subrayando, además, que el mayor acierto de haber sustituido el antiguo TLCAN fue haber incluido el derecho explícito a terminar el acuerdo de forma anticipada. 

Esta presión económica se complementó con un severo endurecimiento del discurso en materia de seguridad y narcotráfico, un flanco donde las fricciones bilaterales han venido escalando. Al hacer un balance de su Estrategia Nacional Antidrogas, Trump presumió que las operaciones navales en el Caribe lograron asfixiar el tráfico marítimo de estupefacientes en un 97%, por lo que anunció que su administración ahora concentrará sus recursos militares en combatir las drogas que ingresan por la vía terrestre. 

En un mensaje para el gobierno mexicano, el mandatario advirtió que las fuerzas estadunidenses intervendrán de manera directa si las autoridades locales no cumplen con su responsabilidad. Asimismo, minimizó las protestas diplomáticas por la interferencia de sus agencias de inteligencia en territorio soberano al sentenciar que, si en México no van a hacer el trabajo, Estados Unidos lo hará. 

De este modo, la declaración en el Despacho Oval combinó el amago del proteccionismo comercial con la veta de la intervención en seguridad, configurando un escenario de alta tensión donde el T-MEC se consolida como el principal rehén político de Washington para doblegar a sus socios.

Atrapado en el laberinto de sus problemas locales, el gobierno mexicano parece no advertir que el verdadero peligro acecha desde el norte. El balón ya rueda.