La sorpresa de octubre

FILADELFIA.– En las campañas por la presidencia de Estados Unidos, siempre existe la expectativa de que algo ocurra en el mes previo de la jornada electoral que puede cambiar el curso de la contienda. Los estadunidenses llaman a eso “sorpresa de octubre”. El término ...

Pascal Beltrán del Río

Pascal Beltrán del Río

Bitácora del director

FILADELFIA.– En las campañas por la presidencia de Estados Unidos, siempre existe la expectativa de que algo ocurra en el mes previo de la jornada electoral que puede cambiar el curso de la contienda.

Los estadunidenses llaman a eso “sorpresa de octubre”. El término apareció por primera vez en los archivos de la campaña de 1980 del candidato opositor Ronald Reagan, cuyo equipo estaba preocupado de que el gobierno del presidente Jimmy Carter intentaría liberar a los rehenes que el régimen teocrático de Irán había tomado al ocupar la embajada de Washington en Teherán el año anterior, y que eso generaría suficiente apoyo entre los votantes para asegurar la reelección del mandatario.

Para impedirlo, representantes de Reagan sostuvieron negociaciones secretas con enviados del ayatola Khomeini en diferentes ciudades –Madrid, París y Londres, entre ellas– para evitar que los rehenes fueran liberados antes de que los estadunidenses acudieran a las urnas, cosa que se logró. Por cierto, la tardanza del gobierno de Reagan para cumplir con los acuerdos derivó en ofrecimientos adicionales por parte de EU que acabarían provocando el escándalo Irán-Contras, pero ésa es otra historia.

Este año, la “sorpresa de octubre” ha sido nada novelesca. Y parece haberla dado el presidente Joe Biden, quien, al entablar el martes una charla por Zoom con la organización Voto Latino, llamó “basura” a los simpatizantes del candidato republicano Donald Trump.

La Casa Blanca intentó un control de daños, diciendo que Biden no había llamado así a los partidarios de Trump, sino a un comediante, invitado a amenizar un acto de Trump, que, el domingo anterior, había calificado a Puerto Rico como “isla de basura”, pero muy pronto fue imposible borrar la impresión de que había dicho lo primero.

El incidente resultó veneno puro para la vicepresidenta y candidata demócrata Kamala Harris, quien está compitiendo codo a codo con Trump. Primero, porque desvió la atención del mitin que ella celebró el martes por la noche en el jardín que está al sur de la Casa Blanca, conocido como La Elipse, mismo lugar donde Trump había hablado antes sus seguidores, el 6 de enero de 2021, antes de que un grupo de éstos se lanzara sobre el Capitolio para tratar de impedir la certificación del triunfo electoral de Biden.

Harris había escogido ese lugar como uno de los actos finales de su campaña, para hacer un contraste entre sus posiciones y las de su rival. Mientras ella hablaba, Biden –a quien sustituyó como candidata el 21 de julio– conversaba con Voto Latino a unos metros de ahí, dentro de la residencia presidencial. No había terminado el acto de la vicepresidenta, cuando Trump fue avisado de las palabras de Biden y comenzó a explotarlas.

Segundo, porque obligó a Harris a distanciarse de la etiqueta que puso Biden a los seguidores de Trump, diciendo que ella no está de acuerdo en calificar a las personas de acuerdo con su preferencia política.

Mientras, Trump aprovechó el incidente al ponerse un chaleco fosforescente como los que usan los trabajadores de limpia y subirse en un camión de basura, pintado con un enorme letrero con su nombre, que lo esperaba en la pista de aterrizaje donde acababa de bajar su avión. La imagen dio la vuelta mundo.

¿Qué llevó a Biden a tener una conversación que se haría pública justo cuando Harris hablaba en La Elipse? Quién sabe. El presidente apareció en una toma muy negativa para su imagen, que lo hacía aparecer, como dijo algún comentarista, que ya lo habían arrumbado en un sótano. ¿No había alguien en la Casa Blanca que lo cuidara en ese momento? Otra incógnita.

El hecho hizo que se recordara la respuesta que el presidente Dwight Eisenhower dio a un periodista de la revista Time, quien le pidió que mencionara una idea del vicepresidente Richard Nixon que él hubiera adoptado. En ese momento, Nixon competía con por la Presidencia con John F. Kennedy. “Si usted me da una semana, quizá pueda pensar en alguna”, dijo Eisenhower. La frase fue devastadora para Nixon.

No sabremos antes de la próxima semana quién llegará a la Casa Blanca en enero. Pero, si Harris pierde, se lo deberá en parte a Biden. Y si gana, habrá ganado al lastre de la “sorpresa de octubre”.

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