La inteligencia artificial y el fin del trabajo: ¿Hacia un PIB fantasma?

Pascal Beltrán del Río
Bitácora del director
El futuro que estamos construyendo con la inteligencia artificial nos plantea una paradoja inquietante: ¿podría ser el éxito tecnológico absoluto el preludio de un colapso económico sin precedentes?
Esa es la premisa central de un análisis provocador y lúcido publicado por el centro de consultoría financiera Citrini Research, basado en una idea original de Alap Shah, empresario del sector de la tecnología y economista graduado de Harvard.
Apenas apareció el lunes, el texto provocó tal ansiedad en Wall Street que tiró la Bolsa neoyorkina. Lo leí por recomendación de Rodrigo Pacheco, mi compañero de Excélsior y Grupo Imagen y uno de los periodistas mexicanos que más ha indagado sobre el desarrollo de la inteligencia artificial (IA) y sus consecuencias.
Redactado bajo la forma de una memoria macroeconómica desde el año 2028, el análisis nos invita a una reflexión profunda sobre los riesgos de lo que Shah y Citrini denominan la crisis global de inteligencia. No se trata de un manifiesto contra el progreso, sino de un ejercicio de escenarios que explora un territorio desdeñado por el optimismo de Silicon Valley y los mercados financieros.
La conclusión más perturbadora es que la inteligencia humana, que durante siglos fue el recurso más escaso y valioso de la economía, está perdiendo su “prima de valor” debido a la abundancia de inteligencia artificial barata. Históricamente, las innovaciones tecnológicas desplazaban trabajos manuales, pero creaban nuevas necesidades que sólo los humanos podían satisfacer. Sin embargo, esta vez podría ser distinto. Al ser la IA una inteligencia general capaz de aprender casi cualquier tarea que un humano pueda realizar, el ciclo de retroalimentación se vuelve destructivo. Las empresas, actuando de forma racional e individual, despiden trabajadores para sustituirlos por agentes de IA, utilizando esos ahorros para comprar aún más capacidad de cómputo. El resultado colectivo es un desastre: una productividad asombrosa que no genera ingresos para los hogares, rompiendo el flujo circular de la economía.
Un concepto clave del artículo es el del “PIB fantasma”. Bajo este escenario, las cifras oficiales de crecimiento económico podrían seguir siendo positivas debido a la eficiencia de las máquinas, pero ese valor dejaría de circular en la economía real. Las máquinas no se van de vacaciones, no pagan hipotecas ni alimentan el comercio local. Esto lleva a una erosión sistémica de la base impositiva, ya que el Estado moderno está diseñado para recaudar impuestos sobre el tiempo y trabajo humano. Si éste se vuelve irrelevante, el contrato social se desmorona.
El texto proyecta que para 2027, el impacto llegaría al mercado de vivienda, no por un fallo bancario como en 2008, sino por un deterioro estructural de los ingresos de los trabajadores de cuello blanco, quienes representan el motor del consumo global.
La conclusión es que estamos pasando de un riesgo sectorial a un riesgo sistémico donde las herramientas políticas tradicionales, como bajar las tasas de interés, pierden eficacia. No se puede solucionar un problema de obsolescencia humana con liquidez monetaria; si un agente de IA puede hacer el trabajo de un gerente por apenas una fracción del costo, el valor de ese puesto de trabajo se habrá esfumado para siempre.
El análisis de Citrini y Shah deja un llamado a la acción urgente. Subraya que, aunque el reporte se lee desde 2028, todavía estamos en 2026 y el “canario en la mina” aún respira.
El texto tiene la virtud de obligarnos a cuestionar si estamos preparados para una economía donde la inteligencia ya no es escasa. La verdadera batalla no es contra la IA, sino contra el tiempo que nos queda para diseñar nuevas estructuras sociales que permitan que la abundancia tecnológica no termine en una miseria social generalizada.
El mensaje es claro: el futuro no se predice, se construye, y el modelo actual de crecimiento impulsado por la IA requiere una intervención humana profunda antes de que el círculo vicioso se cierre por completo.