¿A quién conviene el abstencionismo?
Aunque no existe correlación aparente entre la tasa de participación electoral y el voto a favor de alguna opción política o de las alternativas continuidad y cambio, las dos coaliciones con posibilidad de ganar los comicios del 2 de junio han hecho llamados a que se ...
Aunque no existe correlación aparente entre la tasa de participación electoral y el voto a favor de alguna opción política (o de las alternativas continuidad y cambio), las dos coaliciones con posibilidad de ganar los comicios del 2 de junio han hecho llamados a que se derrote a la abstención.
“Si vota el 62% de los mexicanos, ganamos”, dijo Xóchitl Gálvez ante estudiantes de la Universidad de Monterrey el 12 de abril. “Es un tema de participación; ellos van a intentar que la gente no salga a votar”, aseguró la abanderada opositora.
“Queremos que participe la ciudadanía masivamente (…) El INE debe informar que la elección es el 2 de junio, porque a veces la gente tiene presente que es julio”, exhortó la candidata oficialista Claudia Sheinbaum el 18 de abril en Pachuca.
En los últimos 30 años –cinco elecciones presidenciales–, el promedio de participación ha sido de 65.24 por ciento. Eso, si tomamos en cuenta los extremos alto y bajo de dicho periodo: 77.16% en 1994 y 58.55% en 2006. Si los quitamos, el promedio desciende a 63.50 por ciento.
Casualmente, en los casos de 1994 y 2006, cuando se dieron la máxima y la mínima participación en comicios presidenciales de ese lapso, el triunfo fue para el partido del gobierno. Es decir, la alternancia se produjo con participaciones promedio: 63.97% en 2000; 63.10% en 2012, y 63.42% en 2018.
Si la elección que tendrá lugar en un mes atrae a 63.50% de los votantes –el promedio de esas tres elecciones–, se depositará una cifra histórica de sufragios en las urnas: 62.4 millones. Recordemos que hace seis años votaron 56.6 millones.
La participación de 63.43% que se dio en 2018 fue muy desigual regionalmente, pues mientras en Yucatán, Tabasco y la Ciudad de México rebasó 70%, en Sonora, Baja California y Guanajuato se quedó por debajo de 54 por ciento.
Habrá quien diga que el calor fue lo que ahuyentó a los electores sonorenses aquel 1 de julio. Pero la temperatura máxima en Hermosillo ese día no estuvo muy lejos de la de Mérida, de acuerdo con registros meteorológicos. En Sonora, la participación fue de 51.88% y en Yucatán, de 75.38 por ciento. En ambas entidades el triunfo en la elección presidencial fue para Andrés Manuel López Obrador, con 59.71% y 39.08% de la votación estatal, respectivamente.
Así, la participación no tuvo un efecto determinante hace seis años. El hoy Presidente de la República se llevó la mayoría de los votos en Sonora y Yucatán, pese a que la participación en uno y otro estado tuvo una diferencia de más de 23 puntos.
Si nos vamos a los distritos electorales con menor y mayor participación, tampoco podemos sacar conclusiones relevantes sobre si el abstencionismo afecta más a alguna opción política que a otra.
En los distritos número 9 de Guanajuato (Irapuato), 7 de Baja California (Mexicali) y 2 de Sonora (Nogales), la participación estuvo entre 48.54 y 48.83 por ciento. En el primero ganó Ricardo Anaya; en los otros dos, López Obrador.
Ahora veamos los distritos número 1 de Yucatán (Valladolid), 5 de Tabasco (Paraíso) y 15 de la Ciudad de México (Benito Juárez), donde la participación varió entre 81.53 y 74.24 por ciento. En los tres ganó López Obrador, aunque con ventajas muy estrechas sobre el priista José Antonio Meade en Valladolid y sobre Anaya en Benito Juárez.
Eso indicaría que hay abstencionistas por igual entre aquellos que, en principio, se inclinan por la continuidad o por el cambio. Y quizá también, que ese universo está poblado por personas a las que no les interesa suficientemente la política como para usar su día libre para ir a las urnas.
Quizá la única constante es que las tasas de participación son más altas en la región sur-sureste y centro que en las regiones norte y occidente.
Sin embargo, más que la participación, el factor que ha decidido el triunfo en los comicios presidenciales ha sido ganar un conjunto de diez estados (Aguascalientes, Baja California, Coahuila, Colima, Chihuahua, Jalisco, Querétaro, San Luis Potosí, Sonora y Yucatán), que premian con una amplia ventaja al primer lugar de la contienda.
