El Edomex y el 2018

La votación para gobernador del año que entra en el Estado de México tiene, potencialmente, la capacidad de decidir la próxima elección presidencial. Por eso es importante ocuparnos de ella y seguirlo haciendo a lo largo de los próximos meses. De entrada, se trata de ...

Pascal Beltrán del Río

Pascal Beltrán del Río

Bitácora del director

La votación para gobernador del año que entra en el Estado de México tiene, potencialmente, la capacidad de decidir la próxima elección presidencial.

Por eso es importante ocuparnos de ella y seguirlo haciendo a lo largo de los próximos meses.

De entrada, se trata de la entidad con el mayor padrón electoral del país, con alrededor de 10.5 millones. Eso equivale al de todos los estados de la frontera norte, quitando Nuevo León.

Asimismo, se trata del principal bastión electoral del PRI, partido que nunca ha perdido la gubernatura del estado desde su creación en 1929.

Las cinco elecciones más recientes para renovar el Ejecutivo local han sido ganadas por el tricolor con porcentajes de 72.90% (1987), 62.36% (1993), 42.44% (1999), 47.58% (2005) y 61.97% (2011).

Las elecciones presidenciales han estado más peleadas en la entidad y los resultados no siempre han favorecido al PRI.

En 1988, el candidato presidencial del FDN, Cuauhtémoc Cárdenas, lo ganó con 51% de los votos; en 1994, el priista Ernesto Zedillo lo hizo con 47% de los votos; en 2000, el panista Vicente Fox, con 44.51%; en 2006, el perredista Andrés Manuel López Obrador, con 44.11%, y en 2012, el priista Enrique Peña Nieto, con 44.10 por ciento.

Salvo en 1988 y 2006, la votación mayoritaria en el estado ha sido para quien llega a Los Pinos.

A partir de esos últimos resultados, podemos deducir que ganar la elección en el Estado de México no es indispensable para ganar la Presidencia. Sin embargo, los comicios del año entrante tienen componentes especiales.

Por ejemplo, que el PRI acaba de perder siete de doce gubernaturas en juego en 2016. Dejar ir una más —o dos o tres, pues también se disputarán las de Nayarit y Coahuila en 2017— lo colocaría con menos de 15 gobernadores en su bando para tratar de retener la Presidencia de la República en 2018.

En elecciones federales, el PRI obtiene entre tres y cuatro puntos porcentuales adicionales en los estados donde gobierna respecto de los que no.

Luego, el Estado de México es la entidad donde nació y se hizo político el presidente Enrique Peña Nieto. Obvio, una derrota del PRI en su terruño sería percibida como un descalabro personal.

Eso hace que en la conducción del proceso sucesorio en el Estado de México la opinión del Presidente vaya a pesar más que en otros lados.

Él deberá decidir quién, entre la docena de políticos que aspiran a la candidatura del PRI a gobernador, es el más adecuado para contender.

Ya se vio en 2011 cómo Peña, siendo mandatario estatal, dejó a un lado su preferencia personal y optó por Eruviel Ávila como candidato a sucederlo.

Aquella decisión fue un éxito, visto el resultado. Haber perdido el Estado de México aquella vez pudo haber comprometido su nominación como candidato presidencial del PRI en 2012. Esta vez, Peña tiene que acertar de nuevo. Ni duda cabe que la decisión será nuevamente suya, aunque el gobernador Ávila pueda ser alguno de los que Peña consulte para ello. Y deberá escoger, otra vez, a un candidato que garantice el triunfo.

Desde que César Camacho Quiroz fue designado gobernador interino para reemplazar a Emilio Chuayffet en 1995, todos los mandatarios estatales han provenido de la política local. Tal es el caso de Arturo Montiel, Enrique Peña Nieto y Eruviel Ávila.

Si la decisión fuese que se mantenga la tendencia de hacer surgir al candidato de entre políticos formados en la esfera local, hay varios tiradores para la nominación, entre ellos el secretario general de Gobierno, José Manzur Quiroga; el secretario de Salud estatal, César Gómez Monge; las senadoras Ana Lilia Herrera y María Elena Barrera (esta última del PVEM); el coordinador de los diputados locales, Cruz Roa Sánchez; el alcalde de Ecatepec, Indalecio Ríos, y el presidente estatal del PRI, Carlos Iriarte, entre otros.

Sólo como dato, dos de los tres más recientes gobernadores del Estado de México —Arturo Montiel y Eruviel Ávila— fueron dirigentes estatales del PRI antes de ser candidatos, algo que no sucedía desde los albores del PRI como partido político.

Esto quizá termine pesando en favor de dos de los actuales aspirantes: Ana Lilia Herrera y Carlos Iriarte.

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