Tire muros 3: miedo al cambio

Vivir con miedo es la antesala para vivir fracasado

Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.

Eduardo Galeano.

El miedo es la angustia por un riesgo o un daño, sean éstos reales o imaginarios; es recelo y aprensión de que le suceda algo contrario a lo que desea. Está comprobado que más del noventa por ciento de lo que tememos no llega nunca a suceder, pero el poder de la mente y la fuerza de las emociones hacen que se padezca y se viva a la espera de que se cumpla esa improbabilidad.

Se teme, porque se le teme al cambio, al cambio de las circunstancias, al cambio de los demás, al cambio de uno mismo, y se teme sobre todo a lo que no podemos controlar, y aún más a lo que nos controla. Vivir con miedo es la antesala para vivir fracasado, ésa es una realidad, porque el cambio es permanente, todo cambia todo el tiempo. Aunque insista en mantener sus posiciones, si uno no se adapta al cambio se desfasa de la realidad. Su única realidad será ese miedo en el que vive.

Por eso es tan importante abrazar la realidad y con ella abrazar los cambios, sean de la naturaleza que sean. Los cambios se evitan por diferentes razones, pero casi siempre por la molestia que implica salir de una zona de confort, por considerar que el cambio será muy difícil o por no querer asumir las pérdidas que siempre puede implicar una nueva elección, así mejor algunos eligen la justificación y se otorgan el privilegio de rendirse. Comprensible, porque el cambio no es para todos, sólo para aquellos que están preparados para cambiar, decidir hacer algo diferente a lo que se hacía exige una adaptación de pensamiento y de comportamiento que no siempre y no todos están dispuestos a asumir.

Es necesario perder el miedo al cambio para valorar de forma objetiva nuestra vida, a nosotros mismos y a las circunstancias reales, racional y emocionalmente y evaluar los costos de ese cambio y de esa transformación. Se necesitan planes flexibles a corto mediano y largo plazo, motivación, conciencia, dedicación, esfuerzo y carácter firme para poder mantener y mejorar esa transformación hacia el futuro. Y sí, sobre todo hay que estar decidido a cambiar, y si tiene temple podrá cumplir paso a paso, meta a meta con sus objetivos de forma exitosa.

Porque no todos los cambios son así, hay cambios radicales, cambios que la vida le impone a uno sin previo aviso, cambios que suceden sin análisis, sin oportunidad de preparación, así de súbito… sorpresivos y por supuesto trascendentes. Y se cambia porque no queda otra salida que cambiar para sobrevivir, y créame, se sobrevive. Hay cambios de hábitos, de pensamiento, de comportamiento y de emociones. Algunos serán asertivos, otros quizá no tanto, pero le aseguro que salir del desamor por la vida y del conformismo, si se asume responsablemente, será un éxito. Usted ni nadie tiene que vivir atado a lo de siempre y mucho menos si eso va en detrimento de su persona, su crecimiento, sus principios o sus valores.

Mírese y mire su vida, usted es quien manda en ella, lo que quiera que sea será, si así lo decide y trabaja en ello, inténtelo, no tiene nada que perder, hágalo poco a poco o de forma radical; pero hágalo, le aseguro que en el primer resultado se dará cuenta el poder que tienen sus decisiones y sus compromisos. Recuerde que el miedo es su peor enemigo ante el progreso, deje de vivir en la apatía de lo conocido y permítase disfrutar de todo lo que está ahí afuera esperándole. Que no sea la vida quien le obligue a cambiar… mejor cambie usted, todos sabemos que siempre tenemos algo que mejorar. Como siempre usted elige.

¡Felices miedos, felices cambios!

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