Nuevos lujos II. El autogobierno

El verdadero valor consiste en hacer sin testigos lo que uno sería capaz de hacer ante todo el mundo.  

François de La Rochefoucauld

Vivir en coherencia y alineado con uno mismo está íntimamente relacionado con lo que pensamos, sentimos y hacemos. En realidad, la coherencia y la alineación deberían de coexistir en perfecta sintonía para que este principio fuese aplicado. La realidad es que somos lo que hacemos, y no siempre –y no todos– hacen lo que sienten y lo que piensan, y algunos ni siquiera practican libremente ninguna de las anteriores. Y es que se asume con demasiada frecuencia que somos producto de las circunstancias de nuestra vida. 

Y yo le digo, mi querido lector, que uno es lo que elige ser, no importa lo que se haya vivido, ni el origen ni la fuerza con la que se hayan tatuado los embistes de la vida, ni tampoco el resultado eterno de un acierto. Somos lo que elegimos ser, somos lo que practicamos cada día, somos lo que elegimos pensar, sentir y hacer y somos, ante todo, lo que nos repetimos a nosotros cada día: lo que elegimos creer que somos. La emancipación siempre llega, no sólo en lo físico, llega en lo mental, psicológico y emocional. Y no existe libertad sin orden. 

Así es como considero que se instaura un autogobierno personal, por la simple elección de elegir en qué creer. Y con esto me refiero a elegir nuestros principios y valores, a manera de constitución personalísima de soberanía y territorialidad de uno mismo. O bien, como ese código que nos recuerde que, para ser ese ser al que aspiramos, no se pueden seguir los códigos de nadie más, ni mucho menos instaurar soberanía compartida de libre acceso. 

Los principios son: una guía, son reglas generales o criterios que nos orientan en cómo vivimos, decidimos y actuamos. No siempre describen acciones concretas, sino el por qué, el para qué y el marco desde el cual actuamos. Los valores son: aquello que consideramos importante en nuestra vida. Son una brújula interna que nos ayuda a decidir qué es lo correcto y prioritario para nosotros, y qué es aquello que queremos defender. Así, valor es lo que consideramos importante; principio es aquello que guía nuestra conducta para vivir conforme a aquello que es importante. 

Y sorprende cómo pudiendo vivir emancipados de muchas de nuestras vivencias y aprendizajes, referencias educacionales y circunstancias históricas, incluso de quienes fuimos y hoy ya no somos; algunos insistan con tanta vehemencia vender tan barata su propia existencia al arbitrio de las modas en circulación, de un deber ser tan fallido que busca irremediablemente súbditos para su nuevo orden social. Porque aquel que no tiene valores bien definidos, tiene sólo un precio, una tarifa. 

Y le diré algo, mi querido lector… Esas oleadas del deber ser, son tan pasajeras como el tiempo que le toma a uno saberse al borde de su propia pérdida total. Por eso, insisto en la necesidad de un autogobierno, de una autogestión que nos permita ser mucho más asertivos en la elección de un criterio personal sólido y confiable, humano, respetuoso y justo, que nos permita desarrollar un conjunto de habilidades para enfrentar la vida con ilusión, con propósito e intención. Esto significa lograr ser consciente de nuestros pensamientos, sentimientos y acciones y, sobre todo, canalizar nuestro comportamiento hacia ese ideal de nosotros mismos. Y créame, eso ya es un gran proyecto de vida: simplemente ser quien realmente elegimos ser. 

Escucharnos y priorizarnos, es la clave. Sólo piénselo, nadie más está ahí en los momentos más personales para vivirlos por nosotros, nadie más conoce nuestra vida sin silencios y no, nadie más sabe ni entiende lo que hemos tenido que entender a golpe de vivirnos a nosotros mismos. Por eso elegir nuestro autogobierno, con sus principios y valores, y refinarse, es un absoluto nuevo lujo, una rebeldía necesaria. El lujo de decir Sí a lo que es sí y No, a lo que es no para nosotros, y defenderlo con absoluta conciencia y calma. Ése es… un verdadero privilegio. Como siempre, usted elige. 

¡Felices autogobiernos, felices vidas!