Nuevas realidades VI. Normalizar

La práctica debería ser producto de la reflexión, no al contrario.

Hermann Hesse

Todos hemos sido testigos alguna vez de escenarios que creíamos inimaginables y sucede, ¡vaya si sucede! Y el problema no es el asombro, sino cuando ese asombro deja de serlo, y posiblemente todo podría quedar en lo anecdótico si no fuese porque muchos de esos escenarios inimaginables se normalizan, y tampoco sería del todo malo si en sí mismos no lo fuesen, pero muchos de ellos lo son.

Normalizar es el proceso de ajustar, convertir o adaptar algo para que quede dentro de un estándar considerado “normal”. Así, normalizar viene de la palabra norma, que, a su vez, significa regla, estándar, medida aceptada; y la norma se relaciona con la necesidad humana de medir de forma común, clasificar y comparar, llegando así a un criterio de lo que denominaríamos lo normal. Lo normal se refiere a algo que está en su estado natural, habitual u ordinario o que sirve de norma o regla, es eso que esperamos y ya no nos asombra.

En el contexto actual, normalizar se utiliza comúnmente para referirnos a algo nuevo o bien, a algo que, existiendo, no era visible, consciente o verbalizado. Y si bien hay muchas cuestiones que hoy nos engrandecen como humanidad al normalizarlas, existen otras que lejos están de hacerlo, por el contrario, no sólo nos empequeñecen, sino que nos diluyen como humanidad.

Y ahí es donde debería caber la reflexión y la capacidad de cuestionarnos con valentía qué es aquello que normalizamos, por qué y, mejor aún, que estamos haciendo al respecto. Porque, que algo hoy se normalice no quiere decir que sea bueno para nosotros, ni de manera social ni individualmente. Se lo digo, mi querido lector, por el desplazamiento del lugar de testigo a cómplice en el que nos coloca la irreflexión frente a la construcción de un futuro que no queremos y al que tampoco aspiramos. La realidad hay que aceptarla y, efectivamente, hay que estar a la altura de lo que la realidad nos exige, normalizar es delimitar esas nuevas realidades, nombrarlas y hacerlas nuestras en la práctica, y es ahí donde ese normalizar nos pone a prueba, porque sólo puede normalizarse lo que se practica.

Sirvámonos, entonces, de esta gran oportunidad de normalizar, de hacer visible, verbalizado y práctico aquello que, como seres humanos, nos engrandezca y como sociedad también lo haga, porque cada día lo que hagamos operará a favor o en contra de nosotros mismos y de lo que para nosotros es importante y prioritario. Porque no, no se trata de un gesto aislado, sino de una conducta, de un comportamiento, de un ejemplo que dejamos a nuestro paso, como una huella que marca, sella, decreta, define y que norma.

Por eso, mejor elijamos bregar a nuestro favor. Elijamos normalizar lo básico, lo humano, lo auténtico, lo que contenga poco artificio, lo que sea capaz de desmantelar lo violento, lo reactivo, lo injusto, lo inconsistente, lo intrascendente… Elijamos mejor fomentar el pensamiento crítico y no la crítica. Eduquémonos en cuestionar valores y principios que hoy no aplican, y practiquemos aquellos que beneficien a más y limiten a menos. Elijamos promover la diversidad reconociendo, valorando y respetando las diferencias en las identidades, las culturas, el pensamiento o los estilos de vida; elijamos formarnos en la sensibilidad que nos permita desapegarnos de prejuicios, estereotipos, imposiciones absurdas o criterios clientelares.

Elijamos la palabra, el diálogo, el respeto, fomentemos la escucha, deshagámonos del ego que insiste en llevar siempre consigo la razón, permitamos que otras ideas nos traspasen, destruyamos nuestros muros y cimientos si fuese necesario para erigir en su lugar otros mejores… Cuestionemos las imposiciones, los modelos, la información, las representaciones y las narrativas que nos limiten y atrevámonos a participar en los cambios, en aquellos que nuestra vida nos exija y en esos otros con los que nos relacionamos cada día, y por ningún motivo dejemos de cuestionar… Y no por ir en contra, sino por el respeto que merece nuestra vida de ser vivida de la mejor manera posible, en entornos lo más sanos y justos posibles. Piénselo… quizá normalizar sólo empiece por ahí. Como siempre, Usted elige.

¡Felices normalizaciones, felices vidas!