Dignidad vs. orgullo
¡Lástima que el Amor un diccionario, no tenga donde hallar, cuándo el orgullo es simplemente orgullo y cuándo es dignidad! Gustavo Adolfo Bécquer La dignidad y el orgullo son dos dimensiones sicológicas que interactúan de forma ...

Paola Domínguez Boullosa
La coach
¡Lástima que el Amor un diccionario, no tenga donde hallar, cuándo el orgullo es simplemente orgullo y cuándo es dignidad!
Gustavo Adolfo Bécquer
La dignidad y el orgullo son dos dimensiones sicológicas que interactúan de forma constante en las relaciones afectivas, ésa es la razón por la que suelen confundirse. La confusión radica en el significado y el ejercicio del ego en el amor propio. El ego es, según la RAE, la valoración excesiva de uno mismo. Según la misma fuente, la dignidad es la cualidad del que se hace valer como persona, se comporta con responsabilidad, serenidad y con respeto hacia sí mismo y hacia los demás y no deja que lo humillen o degraden. El orgullo, por su parte, se define como el exceso de estimación hacia uno mismo y hacia los propios méritos por los cuales la persona se cree superior a los demás.
Siempre me he considerado una amante de la filosofía y los planteamientos que en ella se presentan sobre la conducta humana. Reconozco que los imperativos categóricos de Immanuel Kant son una de mis fascinaciones. Por imperativo categórico se entiende: el acto o proposición que se lleva a cabo por el hecho de ser considerado necesario, sin que existan más motivos que la propia consideración. El segundo imperativo categórico kantiano (fórmula de la ley de la naturaleza) señala que: “Obra como si la máxima de tu acción debiera tornarse, por tu voluntad, ley universal de la naturaleza”. Este imperativo establece que todo ser racional posee un valor no relativo (como por ejemplo un precio), pero sí intrínseco, ésa es la dignidad. Lo que tiene un precio siempre puede ser sustituido por cualquier cosa equivalente; lo que es superior a todo precio, y que por tanto no permite equivalencia alguna, tiene una dignidad.
Todos tenemos dignidad y nadie puede atreverse a tasarnos con un precio. Nadie puede aceptar una equivalencia, porque nadie es superior a nadie, o por lo menos ése debería ser nuestro imperativo categórico por excelencia. La dignidad y el orgullo suelen confundirse con ese amor mal entendido que sentimos por nosotros mismos, el orgullo es alimentado por el ego y el ego no es más que la máscara que permite a muchos suplir sus complejos de inseguridad con unos de seguridad exponenciales. El orgullo alza murallas, barreras, se alimenta de la arrogancia, a tal extremo de colocarse en el lugar de víctima, ese del se me debe, el de te exijo, el de merezco…. Y el respeto no se pide, se gana, se gana a través del respeto hacia uno mismo, no a través del capricho del ego y del orgullo.
El que actúa con dignidad no sufre, es más, no se plantea ni siquiera la renuncia a cualquier cosa por su dignidad, por el contrario, renuncia a todo aquello que limite su libertad física, mental y espiritual. No confunde sus propios criterios ni permite que nada los obnubile… la dignidad elige a uno mismo de forma voluntaria y libre.
Por eso hoy lo invito a elegir su dignidad antes que a su orgullo frente a cualquier relación de la naturaleza que sea, porque ni siquiera las que involucran al amor como valor superior pueden exigir que usted renuncie a su dignidad. El orgullo es sólo para quien no puede respetarse así mismo, el orgullo es lo que le queda a quien ha perdido su dignidad, a quien ha elegido venderla, cederla o entregarla.
Le aseguro que no importa que pierda todo lo que tiene mientras no se pierda a sí mismo. Lo material va y viene, lo emocional también, las relaciones nunca son eternas. Todo cambia todo el tiempo; usted también, las circunstancias de la vida, las personas… todo necesita cambiar para seguir existiendo. Nada se termina a menos de que usted lo haga… Por eso, disfrute y agradezca siempre los buenos momentos y los que no lo han sido tanto porque ésa es la vida y, como siempre le digo, es maravillosa… No permita que nada ni nadie lo prive de esa capacidad que tiene de elegirse primero frente a cualquier situación o persona … porque eso no es orgullo, es amor propio, es dignidad. Como siempre, usted elige.
¡Feliz dignidad, feliz vida!