Aprovechar la vida X. Usar la vida

La vida humana eterna sería insoportable. Cobra valor precisamente porque su brevedad la aprieta, densifica y hace compacta. 

José Ortega y Gasset

¿Se ha preguntado alguna vez si está usando su vida o si su vida lo está usando? Se lo digo porque aprovechar la vida depende significativamente de esa respuesta. La vida nos usa cuando hace con nosotros lo que ella quiere, cuando decidimos vivir en modo automático, cuando elegimos la queja o la justificación como la forma de evadir nuestra responsabilidad, cuando dejamos que la vida pase, cuando decidimos no decidir, cuando esperamos que algo cambie para empezar a ser, a estar o a vivir, cuando permitimos que otros elijan por nosotros, cuando dejamos de cuestionarnos o, simplemente, cuando nos damos por vencidos asumiendo lo que es, lo que está y, peor aún, lo que somos.

Para mí, usar la vida significa vivirla con intención. Es decir, elegir conscientemente qué hacer con el tiempo, la energía, los valores y principios, y con el conocimiento. Es evitar la inercia y poner en su lugar una intención, es evitar reaccionar para accionar. Elegir es la clave para usar la vida y evitar que ella nos use, y elegir también tiene su punto, porque hay que tener muy claro desde qué lugar elegimos y qué rige esa elección, en lo personal los valores y principios suelen ser los ejes rectores de mis elecciones; usar la vida, para mí, es alinearse en todo momento a esa intención personal de cómo quiero vivir y vivirme y, claro está, para poder materializar estos puntos anteriores se necesitan acciones; usar la vida se trata de eso… De usarla, de vivirla, de disfrutarla, no se trata de hacer planes perfectos, sino, simplemente, acciones diarias que nos permitan sentirnos bien con nosotros mismos y con ese proyecto personal. 

Créame, mi querido lector, no necesitamos vidas perfectas, eso también sería imposible, lo que sí necesitamos son pasos conscientes, convertir metas en hábitos, elegir lo que hacemos y cómo lo hacemos y evitar a toda costa ser veletas sin rumbo buscando incansablemente quién nos sostenga y guíe, o quién contenga esa incapacidad de elegirnos a nosotros mismos de manera saludable. 

Dejo aquí la pregunta inicial como reflexión y abierta la definición de usar la vida para cada uno. Y comparto a continuación formas prácticas para usar la vida… Porque sí, la vida vale la pena usarla, y si puede usarla más, mucho mejor. 

La primera práctica sería: clarificar el para qué, tener un propósito práctico: qué vida quiero estar viviendo; segundo convertir ese propósito en hábitos diarios, porque lo que no se práctica y se mide no existe, que sea algo realista y sostenible; tercero: priorizar, cambiemos el sí por el no, lo que no suma reduce, recuérdelo, elegir también se trata de elegir lo que no haremos más. En cuarto lugar, proteger nuestra energía que –aunque suene bastante metafísico–, se aterriza fácilmente en lo que nos produce energía vital y aquello que nos deja absolutamente drenados, cansados y aburridos. Hay que reconocerlo: hay personas y situaciones que nos hacen bien, y otras que no, hay que elegir y mediar con sabiduría e intención. Y de aquí nace el quinto: elija bien a las personas de su vida. La vida merece vivirse al lado de personas que nos permitan usarla en su máxima expresión, personas que nos hagan mejores… ésas que hace bien querer, cuidar, apoyar, y ésas en las que encontramos siempre un lugar seguro, un espacio de respeto y libertad. 

La sexta práctica sería aprender y corregir el rumbo de nosotros mismos y de la vida; el desafío consciente que le llamo yo, ése: contra todo pronóstico. Créame, mi querido lector, nada nos determina tanto como nuestro propio pensamiento para bien y para mal, por eso mejor será desafiar aquel pensamiento que irrumpa de manera clandestina en nuestras elecciones más voluntariosas y desafiarlo. Si algo no le gusta cámbielo, aprenda cómo hacerlo y corríjalo, no se quede jamás con la duda de lo que pudo ser y no fue, porque no se haya dado la oportunidad de modificarlo. Y la séptima práctica, mi favorita: agradezca, agradezca lo bueno y lo no tan bueno, y edúquese en ese agradecimiento. Porque si algo tiene el agradecimiento y el poder de elección es esa maravillosa certidumbre sobre la vida, ésa que trae la calma: la paz con esfuerzo, con coherencia, dirección y sentido. Aproveche la vida, su vida y úsela. Como siempre, usted elige. 

¡Felices usos, felices vidas!

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