Aprovechar la vida II. Cambio y transformación

La vida es un constante proceso, una continua transformación en el tiempo, un nacer, morir y renacer.

Hermann Keyserling

Dicen que la gente no cambia. Y dicen bien, la mayoría lo hace, pero sólo por un lapso corto de tiempo, la resistencia que ofrece el agente suele vencerlos antes de ver satisfechas sus últimas intenciones. Y lo peor no es el desenlace fallido, sino el lugar al que se devuelven: al pasado absurdo de lo conocido y, por supuesto, todo esto acompañado de un discurso del ego desbordado que intenta a toda costa convencerle de que aquel intento nunca fue ni siquiera necesario. Ése es todo el problema del cambio: la resistencia.

La resistencia radica en que es una modificación movida casi siempre por una necesidad inmediata, por eso sin un objetivo claro y global pierde fuelle. La resistencia puede ser consciente o inconsciente, no es falta de voluntad, es más bien un impedimento más profundo: un miedo, una creencia, un escepticismo, o simplemente una petición o una imposición no elegida, pero que quizá implique una condición para algo deseable. El cambio tiene esa cualidad de ser accionable, muchas veces medible y ajustable; superficial, externo. Su mayor virtud es que nos permite ir de un punto A a un punto B. Los cambios suelen ser rápidos, consecutivos según la implicación y exitosos a largo plazo sólo según su evolución. Y ahí es dónde vale la pena detenernos porque no es lo mismo: necesito un cambio, que una transformación. La diferencia entre el cambio y la transformación es una de las distinciones que, cuando se comprenden, cambian de manera radical la forma en la que miramos y vivimos nuestros procesos personales.

La transformación es esa parte que necesitan los cambios para ser exitosos. Es un proceso profundo. Va más allá de las capas superficiales, busca modificar un sistema interno y elegir una identidad propia, con pensamientos, creencias, principios, valores, sentido de vida, resolver emociones recurrentes, romper con patrones, desaprender a mirar e interpretar la vida desde lo heredado y, sobre todo, elegir cómo nos posicionamos frente a la vida. La búsqueda de conciencia, coherencia y claridad es su objetivo diario, el resultado esperado: la libertad y la paz interior y el hilo conductor: un propósito de vida. La transformación es esa elección valiente que no va sólo del punto A al B, sino de un antes y un después de uno mismo. No ajusta acciones, reconfigura el modo de estar en el mundo. Son preguntas que nos revelan verdades ocultas y deseos silenciados llenos de resignificación: quién creo que soy cuando enfrento un reto; qué significa para mí el éxito, el rechazo, el fracaso o el amor, cuál es mi historia, qué decido editar, qué no, qué trato como una verdad, aun cuando ya no me sirve. Quien se transforma aprende a sostener esa nueva identidad elegida desde un nuevo marco y paradigma. 

Son modificaciones estructurales identitarias que rompen con pasados y renuncian al deber ser de lo creído para aventurarse a descubrir una vida propia, una verdadera historia personal, un nuevo ser hermanado con uno mismo y en consonancia con su interior, su exterior y su proyección en el mundo. No es un movimiento, un ajuste; es una evolución. Mejor elija transformarse libremente, deje de hacer cambios aislados para evitar la resistencia y la lucha con uno mismo. Le aseguro que la transformación no duele, motiva y fortalece, no porque carezca de dificultad, sino porque tiene un propósito claro, preciso, elegido y profundamente deseado, y desde ahí la resistencia sólo existe para ir más allá de lo que creíamos que podíamos, de lo que sentíamos que éramos o de todo aquello que asumimos sin experimentar. Créame, aprovechar la vida es entender que vamos a morir, que no hay tantas oportunidades ni tantas vidas ni tantas cosas importantes y urgentes que nos impidan dar ese paso que hemos postergado, que hemos aparcado, que hemos silenciado o que hemos aprendido a sobrellevar, la vida se vive o no se vive, no caben en ella las medianías… Así, todo depende de la valentía, del deseo, del propósito y de la capacidad de enfrentar el miedo a dejar de ser quien se era para ser ése que uno elige ser. Como siempre, usted elige. ¡Felices transformaciones, felices vidas!