Discordia

La unión hace la fuerza y la discordia la debilita. Esopo Etimológicamente, discordia procede del latín dis, que significa dos, y cor, cordis, que significa corazón, así, la discordia supone la oposición de dos corazones y de dos ...

La unión hace la fuerza y la discordia la debilita.

                Esopo

Etimológicamente, discordia procede del latín dis, que significa dos, y cor, cordis, que significa corazón, así, la discordia supone la oposición de dos corazones y de dos voluntades, que es mucho más que de dos opiniones.

La discordia es la situación en la que existe una falta de acuerdo o conformidad entre personas que tienen una relación de afecto, entre personas que se conocen, que conviven a menudo, que creen conocer las intenciones del otro… y esa es la diferencia con cualquier otro tipo de discrepancia de opinión, que éstas… las que viven en discordia se conocen, son cercanas y están unidas por algo más que una amistad superficial.

Por eso la discordia es la diferencia de opinión que más duele y más pesa, la discordia no produce nunca un enojo simple y pasajero como resultado de un pensamiento del que se difiere, sino que produce una profunda tristeza como resultado de dos corazones que difieren.

La discordia produce un dolor emocional que otras desavenencias no producen, y el dolor emocional suele ser un elemento básico en el crecimiento del individuo. Pero los hay que se niegan a aceptar el dolor y, sobre todo, a aceptar que este tipo de diferencias no pueden arreglarse como cualquier otra diferencia, a la discordia no se le puede dar la espalda y seguir… porque se seguiría en el sentido contrario de la vida, la discordia aparece de frente y lo prueba a uno en su amor propio, en el amor que da a los demás y en su capacidad de resolver y reflexionar sobre lo verdaderamente importante de su vida y la correcta elección en materia de prioridades.

Por eso el dolor emocional es de esas sensaciones que tenemos que vivir para aprender a decidir sobre lo que mejor conviene a nuestra vida, y su duración e intensidad será proporcional a la manera que hayamos elegido reaccionar ante ese dolor.

La discordia y sus consecuencias emocionales parten de la percepción individual de cada uno, porque ésa es su única realidad frente a la situación. Dependerá, sobre todo, de la personalidad, la fortaleza afectiva, el estado físico y emocional del momento, las experiencias vividas en el pasado, la creencia sobre uno mismo, el significado que le damos al dolor, el apoyo social que tengamos y, por supuesto, la capacidad para reconocer, aceptar y expresar esas emociones.

Por eso, hoy le invito a intentar comprender en el otro algo más que su forma de vivir o de pensar, cuando las relaciones nos son importantes, merecen un tiempo de análisis y reflexión, a fin de poder conocer o descubrir sentimientos, emociones y percepciones que quizá nos son ajenas. Estoy segura de que de ellas dependerá el éxito o el fracaso en la solución de nuestras discrepancias. Recuerde que la verdad de cada uno está ahí, en su forma de sentir la vida, por eso dele una oportunidad a los sentimientos y a las emociones propias y ajenas y respételas antes de decidir el destino de sus relaciones. En las discordias no hay espacio para la negación, pero tampoco para la imposición de criterios o de razonamientos simples o complejos, las emociones… los sentimientos no son materia de simplificación y practicidad, se necesita de un tiempo y un espacio oportuno para decidir correctamente lo que deseamos como resultado final.

Tómese el tiempo para definir sus emociones y conocer las del otro… deje de ocupar su tiempo divagando en pensamientos que puedan apoyar a que triunfen sus razones personales porque en las discordias, la razón tiene poca, muy poca relevancia.

Como siempre, usted elige.

¡Felices relaciones, felices sentimientos!

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