Los negocios de las franquicias deportivas, de los grandes eventos de esa vertiente, hoy están, mundialmente, al alza, basta con observar lo que ha sucedido en el mundo entero con el valor de los equipos, como los de la NFL, de las ligas de futbol europeas, de las demás ligas en el vecino país del norte, como la NBA, la MLB, la MLS y en el caso de la Liga BBVA_Mx, cada una, en su nivel, pero como regla general, el incremento en los valores en tiempos recientes ha sido notable.
Lo mismo ha sucedido con aquellos que son propietarios de actividades más trascendentes, como son los eventos de automovilismo, como la Fórmula 1, los grandes torneos de golf, de tenis y demás especialidades que gozan de gran popularidad. Todos ellos son un enorme atractivo para una importante cantidad de robustos fondos de inversión, que hoy observan en ellos una enorme posibilidad de negocio y que están, cual cardumen de tiburones, al acecho para hacerse de un buen equipo o un grupo de ellos o de torneos de algún deporte que genera enormes audiencias.
Tuve la oportunidad de leer el muy recomendable libro Blood and Oil, escrito por Bradley Hope y Justin Scheck, especialistas en buscar temas ligados a los grandes negocios, donde hacen una radiografía de lo que está sucediendo en los negocios de la monarquía saudí y describen cómo ha hecho el hijo del rey Salmán bin Abdulaziz, Mohamed bin Salmán, el príncipe, una total reestructuración de los negocios petroleros, de toda una ingeniería de negocios, para ordenar los multimillonarios ingresos, mismos que, como combustibles fósiles, tendrán, tarde o temprano, una extinción, y eso les ha llevado a intentar, a través del gigantesco fondo PIF, public investmet fund, buscar otras vertientes de inversión y, si usted observa, hoy están ya en múltiples eventos con su marca PIF, en los grandes torneos de muchas especialidades.
Justo en estos días se anuncia la quiebra de su primer gran esfuerzo por hacer una liga de golf, LIV Golf, para competirle a billetazos a la tradicional PGA Tour, resultado de su despilfarro y pérdida de miles de millones de dólares, por lo que ahora adeudan cifras increíbles y buscan salir del fracaso. Entre las patas se han llevado a los propios golfistas a los que adeudan un dineral, encabezados por Jon Rahm y Bryson DeChambeau, así como a muchos proveedores y trabajadores de esa fracasada gira. En pocas palabras, un desastre financiero y deportivo.
Ahora van por el tenis, y dinero les sobra, sin embargo, después de su rotundo fracaso en el golf con LIV Golf, la comunidad del negocio tenístico deberá caminar con pies de plomo, pues, como se dice de manera coloquial, no todo lo que brilla es oro.
