El presente Mundial ha traído una innovación, ya que el propio organismo rector del balompié a nivel internacional ha manejado, con pingües utilidades, la venta de las entradas para presenciar el gran evento, situación que rompió con la tradición del pasado, en que los boletos tenían un precio de salida impreso en los mismos, situación que en la era digital ha cambiado, y ahora son una especie de acciones bursátiles, que cambian de precio de acuerdo a la oferta, muy limitada, y la demanda, que es inmensa, ya que no sólo intervienen los reales aficionados, sino los que se dedican a la compra-venta a través de las páginas acreditadas para la venta de entradas a los espectáculos.
Curiosamente, hasta ahora, en el marco de dicha competencia futbolística, los boletos más caros, incluidos los de la inauguración, se han vendido en nuestro país. En otras palabras, los dueños del balón se percataron de la inmensa afición y pasión que existe en México, de lo que para muchos representa el poder estar en un encuentro, algunos por afición, otros para subirlo a sus redes, usted sabe, cuestión de estatus, likes y followers, pero, al margen de eso, es indudable que las grandes utilidades que le ha significado a los dueños del futbol comercializar las entradas sin un valor nominal, y subir los precios de acuerdo a la demanda, es una jugada superrentable, pero fuera de toda consideración a los reales aficionados, dejando sólo la posibilidad de acudir a los estadios a los más acaudalados o a los que han empeñado hasta la abuelita para poder asistir a los partidos.
Recuerdo mis clases de economía, es el mercado el que fija los precios, lo que resulta increíble es que los más caros son los que involucran al equipo mexicano o los partidos que se han desarrollado en las tres sedes de nuestro país. Le cito el ejemplo de las cotizaciones de las entradas para el tercer partido de los tres equipos que son sede. En el caso del partido del Tri, es el más caro, a pesar de que el resultado deportivo ya no es tan importante una vez que se ha amarrado el primer lugar del Grupo A.
Los mercados son sabios, los dueños del balón han evitado, con su agresiva política de venta de entradas, a las habituales mafias de revendedores en los mundiales, por lo general comandadas por viejos lobos de mar en esos menesteres, para ser ellos, ahora con la tecnología a su mano, los que han manejado dicho mercado con ingresos que, se especula, podrían llegar a más de diez mil millones de dólares.
Un negociazo, tal como es el deporte de nuestro tiempo.
