Siempre rezagados
Azul Etcheverry*Analista Este jueves comenzó la Cumbre de Líderes sobre Cambio Climático, convocada por el presidente de Estados Unidos,Joe Biden, en la que se reunieron 40 líderes mundiales. El demócrata propuso un compromiso ambicioso con el que su país ...
Azul Etcheverry*
Analista
Este jueves comenzó la Cumbre de Líderes sobre Cambio Climático, convocada por el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, en la que se reunieron 40 líderes mundiales. El demócrata propuso un compromiso ambicioso con el que su país pretende combatir el calentamiento global, en tanto que extendió su apoyo a países en desarrollo para enfrentar la crisis medioambiental, con énfasis en el aspecto de financiación de proyectos de fondo.
Por su parte, el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien decidiera no estar presente en las intervenciones de sus contrapartes, aprovechó su espacio para, contradictoriamente, hablar sobre el descubrimiento de nuevos yacimientos de petróleo, cuando la finalidad de los esfuerzos internacionales conjuntos se inclina decididamente al uso de energías limpias, renovables y cada vez más accesibles.
Sin embargo, la lógica del presidente López Obrador está enfocada en la “soberanía energética” como uno de sus mayores objetivos políticos y estructurales de nación. En su entender, si México no compra combustible estará ayudando a combatir el calentamiento global. Lo anterior, a pesar de las medidas anticíclicas que el propio Presidente ha impulsado con el pretexto de no depender del exterior, que han sido repetidamente criticadas dentro y fuera del país.
La construcción de una refinería o la formulación de reformas en el sector eléctrico y de hidrocarburos, atentan contra todo esfuerzo de promover proyectos sustentables por tratarse de emprendimientos de la iniciativa privada. Dentro de su discurso sólo mencionó de forma somera que su administración está modernizando plantas hidroeléctricas para intentar disminuir el uso de combustóleo y carbón en la producción eléctrica, a pesar de que el porcentaje de producción de dichas plantas no alcanza a cubrir la demanda nacional y que prioriza la quema de gas y otros derivados altamente contaminantes para la producción de energía.
Por otra parte, el tema que más llamó la atención fue el anuncio de su programa de gobierno Sembrando Vida, con el que, dijo, se han beneficiado cerca de 450 mil campesinos con apoyos de 5 mil pesos para que dediquen sus recursos a la siembra de árboles frutales y maderables. No sólo lo mencionó, sino que lo propuso como un caso de éxito (argumento que no se ha comprobado) escalable para países centroamericanos, acompañado de modificaciones en las leyes migratorias de los EU, con la finalidad de proporcionar un estatus migratorio a los beneficiarios del programa.
Rápidamente, funcionarios del gobierno de la administración demócrata rechazaron la propuesta al considerarla poco elaborada ni discutida en México y, mucho menos, parte de un ejercicio de comunicación binacional. A pesar de que tienen un valor importante los esfuerzos de reforestación, no se trata de un tema vinculante entre las agendas medioambiental y migratoria.
Estamos ante una muestra más de que el presidente López Obrador no conoce el contexto político en Washington ni tampoco sobre las iniciativas de ley en el Senado ni en la Cámara de Representantes que el presidente Biden mandó hace meses, con las que busca sacar de la oscuridad a millones de migrantes indocumentados en aquel país.
La perspectiva de Biden, más allá de financiamientos serios y de retomar compromisos internacionales a favor del cuidado del ambiente como el Acuerdo de París, pretende el desarrollo de un paradigma de eje regional norteamericano bajo un marco conceptual ambientalista, un esfuerzo al que México, basado en las realidades políticas de sus gobernantes, no está ni cerca de coincidir estructural ni metodológicamente.
