Pueblo, gobierno y movimiento en defensa de la soberanía nacional

Opinión del experto nacional
Fadlala Akabani
El último día de mayo del 2026, Claudia Sheinbaum congregó en la Ciudad de México, y simultáneamente en plazas de capitales de los Estados, así como en cientos de plazas municipales a nivel nacional, al pueblo de México a celebrar el segundo aniversario del triunfo electoral de 2024.
Encuentro marcado por la imponente fuerza del sol, que no mermó la convergencia entre Pueblo, Gobierno y Movimiento. La respuesta orgánica, entusiasta y valiente de la concurrencia es muestra de que como ciudadanía estamos a la altura de las circunstancias; somos capaces de enfrentar como nación la amenaza que se cierne sobre nuestra soberanía.
Tal como ameritaba la ocasión, Claudia Sheinbaum habló, desde el Monumento a la Revolución Mexicana, como líder de la Cuarta Transformación, como presidenta de la República, y como jefa de Estado; pues se trata de una amenaza existencial para el modelo político –nacionalista, popular y soberano– que el pueblo de México ha decidido de manera cada vez más contundente desde 2018.
Claudia Sheinbaum mantiene diálogo al más alto nivel, y ha mostrado disposición para cooperar en materia de narcotráfico y migración, sin dejar de señalar la responsabilidad de Estados Unidos en el combate al narcotráfico dentro de su territorio, y en la llegada de armas a nuestro país. El gobierno de México ha señalado la falta de reciprocidad en la relación; por ejemplo, en las 269 solicitudes de extradición realizadas, 36 de las cuales fueron rechazadas, y 183 restantes se encuentran pendientes de ser procesadas. Un resultado claro, cero extradiciones desde el 1 de diciembre de 2018 a mayo de 2026; ocho años y medio de nula cooperación de Estados Unidos con México.
En un negociante inescrupuloso como Donald Trump es imposible confiar, es capaz de mostrar respeto e incluso admiración, como lo hizo ante Xi Jinping en su más reciente visita a China, manteniendo una retórica de diálogo y entendimiento; mientras, subrepticiamente movía los hilos de sus títeres sudamericanos y enviaba a Santiago Peña, presidente de Paraguay, de visita oficial a Taiwán. La tradicionalmente ambigua diplomacia mercenaria de la Casa Blanca.
Oficialmente, Washington reconoce los avances obtenidos a partir del trabajo coordinado con las autoridades mexicanas del orden federal. Empero, a espaldas del gobierno de Claudia Sheinbaum, negocia acuerdos ilegales a nivel estatal, como en Chihuahua, para infiltrar a sus agencias de espionaje. Una avanzada para controlar, a como dé lugar, las riquezas energéticas de México: petróleo y litio, e impulsar intereses corporativos estadunidenses. El de la minería, que desplaza comunidades indígenas en la Montaña Baja de Guerrero, o la planta de metanol en Ahome, Sinaloa, detrás de la que hay capital estadunidense y del Banco Mundial. Como en toda América Latina, Trump busca revivir el caduco modelo neoliberal de subordinación y saqueo que en nuestro país mejor encarnan los gobiernos panistas.
El sábado 30 de mayo, desde la comodidad que caracteriza la forma de hacer política de Acción Nacional, bajo techo y a puerta cerrada, Maru Campos reunió los apoyos de cadáveres políticos del viejo régimen neoliberal: Vicente Fox, Felipe Calderón y Santiago Creel. También hubo caras nuevas, como la de Jorge Romero, líder actual del Cártel Inmobiliario, que cobró vidas humanas durante el terremoto de 2017 y que es factor para la inflación de la vivienda y la gentrificación de la Ciudad de México. No tienen apoyo popular, confían en el respaldo que les ofrecen la CIA y la DEA, pero “Roma no paga traidores”.