¿Por qué México necesita su propia vacuna contra covid-19?
Roselyn LemusMartin*Héctor Sandoval Vargas** La pandemia no sólo ha provocado una emergencia sanitaria, sino también una emergencia económica sin precedentes. Bajo este complejo escenario, tanto la cooperación internacional como la colaboración públicoprivada han ...
Roselyn Lemus-Martin*
Héctor Sandoval Vargas**
La pandemia no sólo ha provocado una emergencia sanitaria, sino también una emergencia económica sin precedentes. Bajo este complejo escenario, tanto la cooperación internacional como la colaboración público-privada han jugado un papel fundamental en el desarrollo de la vacuna en tiempo récord para la historia de la ciencia. No obstante, a pesar de los enormes esfuerzos de organismos multilaterales respecto a la distribución equitativa, se ha observado una concentración de la mayoría de las dosis en países de altos ingresos (fenómeno conocido como “nacionalismo de vacunas").
Es evidente que los países de altos ingresos, invariablemente son los que cuentan actualmente con mayores porcentajes de población inoculada, seguidos por los países de ingresos medios-altos, mientras que países emergentes y de bajos ingresos no han sido capaces de acceder a los mercados internacionales de vacunas por sí mismos.
Por esa razón, se creó el mecanismo COVAX para garantizar que las personas en todos los rincones del mundo tengan acceso a las vacunas contra covid-19, independientemente de su nivel económico. Dicha plataforma es un claro ejemplo de la colaboración entre gobiernos, iniciativa privada, sociedad civil y academia para apoyar la investigación, desarrollo y producción de vacunas, y garantizar el acceso equitativo, siendo el objetivo principal tener 2 mil millones de dosis disponibles para fines de 2021.
A pesar de estos esfuerzos, la problemática parece ser la capacidad de producción actual, lo que ha provocado que las vacunas producidas no sean suficientes en el corto plazo (restricción por parte de la oferta) para abastecer la enorme demanda global. En este sentido, una de las estrategias que han seguido los países con mejores resultados ha sido la de financiar las investigaciones y desarrollo de las vacunas de sus universidades, centros de investigación y farmacéuticas; lo cual ha permitido que su acceso haya sido garantizado y priorizado desde el inicio. Esto sugiere que no se puede ver el fenómeno del “acaparamiento de vacunas” en blanco y negro, ya que existen muchos matices, y no se puede considerar de facto a los países ricos con mayor acceso a las vacunas como los villanos de la historia, ya que dichos países contribuyeron, en una gran cuantía, al desarrollo de la mayoría de las vacunas que han sido aprobadas.
¿Qué lección de política pública nos deja esta experiencia? Que la inversión en ciencia y tecnología, así como en capital humano, son cruciales para enfrentar este reto que nos seguirá acechando en los próximos años. Experiencias internacionales de éxito compartido entre los gobiernos, la academia y la iniciativa privada cada día son más comunes para alcanzar este tipo de hitos científicos, tal es el caso de las alianza AstraZeneca-Universidad de Oxford-gobierno británico.
Nuestro país cuenta actualmente con 6 prototipos de desarrollo de vacunas que requieren de financiamiento para comenzar con las etapas de fase clínica; es por ello que esto debe ser visto por el gobierno mexicano como una oportunidad de inversión, más que un gasto. Es en esta crisis cuando el gobierno federal debería evaluar la reactivación/creación de fideicomisos o algún mecanismo de financiamiento que potencie las probabilidades de éxito de los esfuerzos académicos individuales por obtener una vacuna mexicana en el corto plazo, y que logren, en el mediano plazo, generar los cimientos para una estrategia de desarrollo y producción nacional de vacunas basado en el conocimiento y el uso de las tecnologías.
*Investigadora en vacunas y tratamientos contra COVID-19. Egresada de la Universidad de Oxford.
**Economista. Egresado de la London School of Economics
