México sigue dando la batalla al crimen organizado

Jesús Sesma Suárez

Jesús Sesma Suárez

Avenida México

México sigue dando la batalla para recobrar la paz y la seguridad. Esa es la realidad que no siempre se visibiliza con la misma intensidad que los hechos violentos, porque, más allá de centrar la atención en los detalles de la caída de uno de los capos más poderosos del crimen organizado, es preciso reconocer el trabajo firme y estratégico del Gabinete de Seguridad, de nuestras Fuerzas Armadas y de cada elemento de seguridad que participó en el operativo.

Y es que detrás de cada acción de esta magnitud hay meses (y a veces años) de inteligencia, coordinación y planeación meticulosa; en cada operativo exitoso hay horas de vigilancia, análisis de información, despliegues tácticos y también decisiones que deben tomarse en cuestión de segundos.

En ese sentido, el Gabinete de Seguridad del gobierno de la República ha demostrado que la estrategia y la coordinación interinstitucional son herramientas fundamentales para enfrentar a las organizaciones criminales. Los resultados que hoy surgen no vienen de la improvisación, sino de una visión que entiende que el combate al narcotráfico y al crimen organizado requiere preparación, constancia, disciplina y objetivos claros.

Por ello, mi reconocimiento al liderazgo del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana del gobierno de México, Omar García Harfuch, quien, con estrategia, inteligencia y determinación, ha dado pasos importantes en la consolidación de una política más articulada en el combate a las organizaciones criminales responsables de la violencia y la inseguridad en nuestro país. Sin estridencias ni protagonismos, ha impulsado acciones coordinadas entre fuerzas federales, estatales y municipales, fortaleciendo la estrategia y realizando operativos quirúrgicos para debilitar las estructuras criminales, sin generar mayores afectaciones a la población civil.

De igual forma, es preciso reconocer que detrás de esos operativos existen, sobre todo, mujeres y hombres que asumen riesgos inimaginables por el bien común. El acto de valor y amor a la patria que protagonizan nuestras fuerzas de seguridad merece ser subrayado con toda claridad. Son personas que salen de sus hogares sin la certeza de regresar, que enfrentan el peligro de manera directa y que cargan sobre sus hombros la responsabilidad de proteger a millones de mexicanos y mexicanas. En el combate se juegan la vida y no lo hacen por aplausos ni por reconocimiento público, lo hacen porque asumieron un compromiso con el país. Esa entrega silenciosa, muchas veces minimizada, es uno de los pilares sobre los que se sostiene la esperanza de un México en paz. 

La situación en la que se encuentran muchas zonas del país es lamentable, es cierto. La violencia y el crimen organizado han permeado profundamente en nuestra sociedad y gobierno, afectando comunidades enteras, distorsionando economías locales y sembrando miedo en amplias regiones. Pero también es cierto que esta realidad no surgió de un día para otro, por lo que no se resolverá de la noche a la mañana.

Hoy, las mexicanas y los mexicanos debemos confiar en que, aunque el contexto actual no sea el mejor, esta situación no será permanente, podremos salir adelante de este estado de violencia y recuperarnos económica y socialmente como país.

Mi solidaridad con la gente de todos los estados que han tenido que enfrentar la angustia ante el temor constante de la violencia criminal, así como con las familias que han perdido a algún miembro en esta lucha dolorosa y desigual.

México sigue dando la batalla y, hoy más que nunca, es momento de cerrar filas con la presidenta Claudia Sheinbaum y con el Gabinete de Seguridad del gobierno federal. No desde la negación de los problemas, sino desde la convicción de que la unidad fortalece y de que el respaldo y la coordinación institucional son clave para sostener la estrategia, porque la paz no se construye sola, se logra en unidad, con valor y amor a México.

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