Outsourcing, conciliar intereses

Ambas partes, trabajadores y empresarios, deben entender que el crecimiento de la nación se debe al éxito entre el empleador y el trabajador

Por Lucía Meza Guzmán

Interesante y productiva resultó la sesión de Parlamento Abierto donde las y los legisladores pudimos escuchar diversas posiciones respecto al llamado outsourcing.

Se expusieron puntos de vista, en algunos casos encontrados, pero muchos de estos fueron conciliadores, pues como se dijo: “de lo que se trata es de cuidar a los trabajadores de los abusos de los empresarios, pero también cuidar sus fuentes de trabajo”.

Después de normar criterios en el Grupo Parlamentario de Morena, intercambiamos puntos de vista de manera interna sobre cuál debería ser nuestra posición, lo que nos llevó a regresar a comisiones el dictamen respectivo con las reformas a las leyes Federal del Trabajo y del Seguro Social, a fin de que se modifique a partir de las propuestas que formularon empresarios, sindicalistas y académicos en el Parlamento Abierto.

Lo interesante es que el propio proponente de la reforma, el senador de Morena Napoleón Gómez Urrutia, coincidió en que el dictamen puede enriquecerse sin necesidad de ceder a las presiones de los organismos empresariales, por lo que en ese sentido debemos caminar.

Efectivamente, la práctica del outsourcing se da a nivel mundial y es reconocida por la propia Organización Internacional del Trabajo (OIT); sin embargo, lamentablemente, son muchos los empresarios voraces, sin escrúpulos, quienes incumplen la Ley Federal del Trabajo, la del Seguro Social y las que tienen que ver con sus responsabilidades hacendarias, cuando menos.

Lo relevante aquí es la conciliación de intereses: llegar a acuerdos donde ambas partes, trabajadores y empresarios, entiendan, de manera efectiva, que el crecimiento de la nación se debe al éxito entre el empleador y el trabajador, pero, insisto de nueva cuenta, sin que el primero abuse.

Por ello, resultaron interesantes las posiciones que pudimos escuchar de diferentes organizaciones sindicales, académicos y abogados laboristas, quienes apuntaron que “no se puede jugar y tomar a la ligera la prosperidad de los trabajadores y sus familias ni la productividad de quienes son la fuente de su trabajo”.

Debemos, como se reiteró, “arreglar los defectos de la subcontratación” como el que hoy a los trabajadores no se les respete su antigüedad; no se les otorgan prestaciones de ley, reparto de utilidades; se evade el pago del Seguro Social y de impuestos al fisco, además de que se les niega el derecho a poder tramitar un crédito ante el Infonavit.

Es entendible que haya diversas posiciones sobre el tema. La aprobación de las reformas que se lleven a cabo debemos hacerlas con sensatez, sin posiciones dogmáticas que impidan que los cambios sean justos para evitar que terminemos prohibiendo o criminalizando una práctica que, bien orientada, genera competitividad.

Desde luego que nuestro compromiso es con los trabajadores, a quienes no se les debe de conculcar ninguno de sus derechos.

No debemos permitir, como sabemos que ha ocurrido, que las empresas desaparezcan sin haber pagado una o dos quincenas a sus empleados, particularmente a los que se encargan de la limpieza. Por ello es importante contar con Registro Nacional, en el que deberán quedar inscritas las compañías que celebren contratos.

El propósito fundamental es que la subcontratación que se apruebe beneficie a los trabajadores y permita a los empresarios seguir invirtiendo y generando empleos, cumpliendo siempre con las leyes y respetando los derechos de los trabajadores.

En una entrega anterior sobre este tema escribí: “El outsourcing o tercerización se ha convertido en una “mala palabra”; se ha significado, de algún modo, en sinónimo de injusticia en nuestro país”, hagamos, pues, que se convierta en justicia.

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