México-España: un puente histórico para la agricultura regenerativa del futuro

Por: Ksenia Portnova Juan Francisco Delgado Morales Juan Carlos Arias Andueza Especialistas La agricultura mexicana enfrenta una crisis silenciosa que amenaza la seguridad alimentaria y el desarrollo rural. La escasez de agua, las inundaciones, el uso intensivo de ...

Por:

Ksenia Portnova

Juan Francisco Delgado Morales

Juan Carlos Arias Andueza

-Especialistas

La agricultura mexicana enfrenta una crisis silenciosa que amenaza la seguridad alimentaria y el desarrollo rural. La escasez de agua, las inundaciones, el uso intensivo de agroquímicos y las técnicas industriales han degradado los suelos, generando dependencia de insumos externos y pobreza en el campo. Miles de pequeños productores carecen de los recursos para invertir y capacitarse en sostenibilidad. Frente a esta realidad, mirar al futuro implica también mirar hacia un pasado profundamente sabio.

Las culturas prehispánicas desarrollaron sistemas agrícolas resilientes y diversos. La milpa, por ejemplo, es un policultivo de maíz, frijol, calabaza, chile y quelites que no sólo garantiza la alimentación, sino que también regenera el suelo mediante la fijación natural de nitrógeno y la cobertura vegetal. Prácticas como las chinampas son otro ejemplo de armonía entre la producción de alimentos y el equilibrio ecológico.

Estos sistemas ancestrales son la base viva de lo que hoy conocemos como agricultura regenerativa, las cuales también se pueden compartir con España.

Para que esta visión florezca, México necesita un salto estratégico, tecnológico y financiero centrado en los agricultores y en la salud de los ecosistemas. La creación de un ecosistema regenerativo se presenta como una vía transformadora. En un entorno dominado por modelos agrícolas “modernos” y extractivos, surgen en todo el país iniciativas que rescatan la herencia biocultural de México. Proyectos de insumos biológicos para el campo, bancos y redes de semillas criollas, y programas que recuperan las chinampas para hacerlas productivas nuevamente. También colaboraciones con agricultores que llevan al mercado productos que protegen y celebran la biodiversidad mexicana, tortillerías de maíz nativo, mercados alternativos que conectan productores agroecológicos con consumidores conscientes, y restaurantes de cocina honesta con el concepto del campo a la mesa.

La oportunidad de tender puentes entre México y España abre un nuevo capítulo. Ecosistemas como SembrAI es un ejemplo de solución mientras se aplican normativas europeas que impulsan la sostenibilidad. SembrAI Invest permitió más de 50 reuniones de inversión entre las startups e inversores donde participaron startups con soluciones disruptivas como Hareas, modelo de economía colaborativa para el campo, Hidroinfiltrador (tecnología contra la sequía del olivar), Bisari (drones para polinización en ausencia de abejas) o la startup mexicana Grape.ag (monitoreo, análisis y potencialización del campo mediante IA).

La propuesta incluye un intercambio de prácticas, en el cual la Fundación Europea para la Innovación INTEC aporta el conocimiento aprendido durante el proyecto Agrixel donde se busca digitalizar el campo español, en especial, en los sectores vitivinícola y de los Olivares de Andalucía y Canarias. Dicho proyecto es parte de un ecosistema creado por la Universidad Politécnica de Cataluña para formar un marketplace de datos potencializado con IA. Estas iniciativas generan aprendizajes valiosos que podrían compartirse con México.

Este intercambio y puente abriría la puerta para que fondos europeos apoyen la transición regenerativa del campo mexicano, destinando recursos a equipos de labranza de conservación, sistemas de riego eficientes y soluciones de biofertilización. La alianza también podría vincular productos mexicanos cultivados bajo estándares regenerativos con los exigentes mercados europeos, compartiendo la riqueza natural y gastronómica del país, generando precios premium y promoviendo un desarrollo económico justo para las comunidades rurales. Al priorizar la salud del suelo y la biodiversidad, la inversión contribuiría a la restauración de tierra degradada, fortaleciendo la resiliencia del campo mexicano ante fenómenos climáticos extremos.

México puede asegurar un futuro donde la producción de alimentos sea sinónimo de salud para la tierra, honor a su cultura y prosperidad para su gente, mientras conservamos al medioambiente.

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