Mercado de drogas en México

• Existen diversos testimonios sobre las consecuencias que hay en algunas regiones del Bajío y Occidente del país por el elevado consumo de cristal que se observa en esas regiones.

Por Francisco Javier Martínez Galván

La historia del narcotráfico en nuestro país muestra con precisión los cambios que este fenómeno ha tenido a lo largo de su existencia. Uno de los más importantes, sin duda, es la modificación de un país de tránsito a un lugar de consumo.  Hay cierta coincidencia con los historiadores y analistas que este cambio se produjo por un elemento externo que vino a transformar varios aspectos de la forma en que se ingresa y viaja hacia Estados Unidos. El atentado de Al-Qaeda, el 11 de septiembre de 2001, trajo severos cambios en la política migratoria de Estados Unidos, uno de ellos fue el cierre de fronteras, que dificultó enormemente la entrada de drogas hacia el país norteño.

Si las drogas ya no podían ingresar con la misma facilidad a Estados Unidos, los cárteles buscaron otros mercados y uno de los que descubrieron o empezaron a trabajar con mayor ahínco fue el mexicano. Una parte cada vez  más grande de droga se empezó a comerciar en el territorio nacional. A partir de ese momento, se inició una lucha cruel y cada día más sangrienta, que no conocíamos ni sabíamos el alcance que iba a tener. Las disputas ya no estaban solamente en las fronteras ni en los territorios donde se cultivaba o producía la droga. El campo de batalla se extendió a las grandes ciudades y a los centros turísticos más importantes.  Pero también a municipios de desarrollo medio, prácticamente a todo el territorio nacional.

Guillermo Valdés  (Aguilar, 2013) nos recuerda las batallas que se vivieron en 2004 y 2005 entre los cárteles de Sinaloa y el Golfo por controlar Nuevo Laredo, o las escenas escalofriantes que observamos durante 2006, cuando en Acapulco aparecieron cabezas y cuerpos separados, algo inaudito en nuestro país. O las cinco cabezas que rodaron en una discoteca de Uruapan, Michoacán. O los 72 migrantes centroamericanos ejecutados en San Fernando, Tamaulipas; la granada que estalló en Morelia, Michoacán, durante el desfile conmemorativo de la independencia del país.  A diferencia de otros estudiosos del tema, sostengo la hipótesis de que estos hechos sangrientos e inéditos tienen en el fondo una disputa por controlar el territorio para vender droga al menudeo y, por supuesto, este control dará muchas más entradas a los narcotraficantes cuando se dan cuenta de la facilidad con que se pueden desdoblar hacia otros tipos de delitos que también les generaran jugosas ganancias.

Es a partir de 2001 cuando se inicia un incremento del consumo de drogas ilícitas en nuestro país, que parece no tener límite. O si de quiere ver del lado de la oferta, el narcomenudeo ha tenido enormes tasas de crecimiento durante los últimos años: en 2018, con respecto a 2015, creció  300%. Lo que se manifiesta en un crecimiento acelerado de la población que consume drogas. De acuerdo con los resultados de la Encuesta Mundial sobre Drogas 2019, los mexicanos con edad de aproximadamente 25 años respondieron que ese año, 82% había consumido mariguana; 40.7%, cocaína, y 40.2% LSD. También comentaron que la enorme mayoría se hacía de la droga a partir del dealer que conocían. 

Como se verá, los porcentajes son muy elevados por el tipo de hombres y mujeres que se eligieron para la encuesta, aun así tienen cierta representatividad para marcar la tendencia del consumo de drogas. 

El consumo de drogas en nuestro país tiene ya repercusiones enormes en cuanto a temas de salud pública, los centros de atención son escasos y caros, muchos de los cuales funcionan sin ninguna regulación y en su interior se cometen un conjunto de atropellos que lejos de curar a los enfermos y rehabilitarlos hacia la sociedad, son reclutados por los cárteles y convertidos en sicarios de estas bandas delincuenciales. Existen diversos testimonios sobre las consecuencias que hay en algunas regiones del Bajío y Occidente del país por el elevado consumo de cristal que se observa en esas regiones. Son altamente conocidas las consecuencias que trae el consumo de esa droga y se habla de un alto número de jóvenes que deambulan por las calles de varios municipios totalmente desorientados porque el cristal afectó irreversiblemente sus cerebros y ahora son unos guiñapos humanos; urge la construcción de espacios donde puedan tener una vida un poco más digna que la que otorga vagabundear por las calles.

Pero desde el lado de la oferta es desde donde el crecimiento del mercado interno de drogas ilícitas trae violencia y más violencia. De acuerdo con cálculos que hacen algunas organizaciones en nuestro país, más de 50% del total de muertes por violencia está ligado directamente a la lucha por espacios y territorios de narcomenudeo. Muchos de los delitos de bajo impacto, como robo a casa habitación, asalto a transeúnte y robo en transporte público, entre otros, lo llevan a cabo farmacodependientes de algunas de las diversas drogas que se consumen y parte relevante del botín es para comprar la droga que necesitan. A modo de una primera conclusión, ya no podemos señalar a Estados Unidos como un territorio que consume la droga que los mexicanos producen y transportan hacia ese país.

Cada día, el mercado interno de consumo de drogas demanda más mercancías y se diversifica en sus preferencias, las tasas de ganancias son altísimas y en el futuro inmediato seremos testigos de un crecimiento exponencial en el consumo de drogas ilícitas y por ello mismo, de un incremento en la violencia en nuestro territorio.

Temas: