Lo bueno que no lo es tanto, lo malo que es peor y lo feo que resulta pintoresco

Los emigrantes son los superhéroes de la economía, pero su lealtad es una buena noticia sólo a medias, pues es el resultado de la falta de empleos en sus lugares de origen o de la violencia que impera en algunas regiones. No faltan autoridades que aplaudan casi como mérito propio la llegada de estos recursos, cuando la realidad es que significan lo contrario.

Por Juan Carlos Gómez Aranda

Las remesas que envían los trabajadores mexicanos en Estados Unidos a sus familias volvieron a ser de las mejores noticias para el país y la principal fuente de ingresos, inclusive muy superior a la inversión extranjera directa que en los tres primeros trimestres del año pasado fue de 32,147 millones de dólares y del ingreso neto por turismo que ronda por los 15,526 millones de dólares. Mientras que por los envíos de nuestros paisanos en el mismo periodo se obtuvieron 42,978 millones de dólares, esperándose que al cerrar las cifras del año superen 55 mil millones de dólares, un nuevo récord.

Estas divisas son sustento y motor de la economía nacional que, aunadas a la inyección de los 700 mil millones de pesos de los programas sociales del gobierno federal y a la inversión en los proyectos prioritarios de infraestructura, alientan el consumo interno y mueven al país.

Según datos del Banco de México, las remesas se incrementaron más del 27 por ciento el año pasado para el sur sureste, mientras que el promedio nacional es del 15 por ciento, siendo Chiapas de los estados con mayor aumento en el flujo de recursos, pues captó más de 2,200 millones de dólares, lo que significó un alza del 67 por ciento en comparación con los mil 300 de 2021.

Los emigrantes son los superhéroes de la economía, pero su lealtad es una buena noticia sólo a medias, pues es el resultado de la falta de empleos en sus lugares de origen o de la violencia que impera en algunas regiones. No faltan autoridades que aplaudan casi como mérito propio la llegada de estos recursos, cuando la realidad es que significan lo contrario: nuestros connacionales emigran porque en México no existen las oportunidades de trabajo que merecen.

Sin embargo, la peor noticia sigue siendo la inseguridad y la violencia que deriva, donde el crimen organizado, campante y sin temor, actúa para adueñarse de carreteras y territorios para establecer un sistema impositivo paralelo e informal pero eficaz para el cobro de piso y de protección, extorsionar, adueñarse de ranchos y empresas, así como aterrorizar a la población. Cerramos el año con más de 18 mil personas asesinadas, 800 feminicidios y un acumulado de más de 90 mil personas desaparecidas o no localizadas en los últimos tres lustros.

Por otra parte, los medios de comunicación nos siguen informando de la conformación de grupos de autodefensa, de juicios sumarios y actos de aplicación de “justicia” al calor de sorprender a delincuentes a la mitad de su fechoría por lo que son linchados. Desafortunadamente, no son actos extraños ante la inacción de las fuerzas de seguridad, incompetencia o falta de ancho de banda a pesar de los 130 mil elementos que integran la Guardia Nacional.

También, existen novedades que parecen pintorescas, pero son de pena ajena. Como el escabroso caso de la tesis supuestamente plagiada a la supuesta plagiadora y las inverosímiles aclaraciones que pusieron en vilo la reputación de la Corte y de la centenaria UNAM —que a pesar de sus malquerientes sigue siendo la mejor universidad de México y una de las mejores del mundo—, develando, además, un posible mercado de tesis profesionales en beneficio de asesores deshonestos.

Respecto de la elección de la nueva presidenta de la Suprema Corte, algún observador ajeno bien podría preguntarse ¿a qué viene tanto alboroto, si los ministros sólo eligieron como se esperaría en cualquier país democrático: con libertad de criterio y ejerciendo su autonomía constitucional? Quizá la respuesta sería notar los intentos nada ocultos de influir en el proceso de sucesión con la exoneración exprés de la Fiscalía de la Ciudad de México en el caso de la misteriosa tesis o la descalificación del ministro que parecía más fuerte y que es identificado como “el más rico” y favorito de las llamadas fuerzas conservadoras, pero que no resultó el elegido.

En materia económica, lo bueno fue que el país creció más de lo anticipado y el nearshoring avanza colocando a México en la lista de los países con más ventajas para invertir. Lo malo es que la inversión privada nacional no repunta y, lo feo es la debilidad del Estado de derecho y la inseguridad pública, que siendo factores transversales continúan como un lastre y amenaza para el crecimiento del país. Ojalá que 2023 sea mejor en todos los aspectos. Lo mejor para ustedes, amables lectores.

Analista político y experto en comunicación estratégica*

Twitter: @JCGomezAranda            jcgomezaranda@hotmail.com

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