Las migraciones que viví en Tijuana

Por Enrique Lucero Vázquez* En octubre de 2021 tomé posesión al cargo de director municipal de Atención al Migrante en Tijuana. Desde el inicio me tuve que sumergir rápidamente en ese torbellino de migraciones que llegaban todos los días a la ciudad. Cada día, una ...

Por Enrique Lucero Vázquez*

En octubre de 2021 tomé posesión al cargo de director municipal de Atención al Migrante en Tijuana. Desde el inicio me tuve que sumergir rápidamente en ese torbellino de migraciones que llegaban todos los días a la ciudad. Cada día, una migración de un nuevo país, todas ellas con un mismo fin, una mejor vida. Sin duda, la mejor práctica para conocer el mapa mundial.

La primera migración que vi fue un campamento de migrantes, integrados por solicitantes de asilo en Estados Unidos de Honduras, Guatemala, El Salvador y México, los cuales no podían ejercer ese derecho por la medida del Título 42. Llevaban ahí nueve meses. Cada carpa era una luz de esperanza, un sueño. Y, durante casi un año, su casa fue un cuarto de un metro de concreto que se encontraba a unos pasos de la garita Tijuana-El Chaparral. Ahí vivían con la ilusión de que en algún momento se abriera la puerta para ingresar a EU, en razón, por las promesas del presidente Biden, quien recientemente había llegado a la Casa Blanca.

El gobierno de Tijuana, en conjunto con los demás órdenes de gobierno, se vio obligado a reubicarlos por razones insalubres, de inseguridad y por el interés superior de la niñez. Abandonar ese lugar fue duro para ellos, la separación de 700 personas que habían formado una familia causó llanto. Sin embargo, todas esas personas, meses después, lograrían ingresar a EU bajo la figura de una excepción al Título 42.

Mientras estaba el campamento, en diciembre del 2021, aleatoriamente, llegaba otra migración de alrededor de mil haitianos que se había quedado atrás de la primera y gran oleada en 2016, que era de aproximadamente 20 mil. Esta generación de haitianos sólo ocupa un empujoncito, un alojamiento temporal, para que rápidamente se incorporara a la sociedad tijuanense. Muchos de ellos ya se encuentran en EU y otros se quedaron en nuestra ciudad, haciéndose propietarios de algún negocio o trabajando en algunas de las miles de ofertas laborales que existen en la bondadosa ciudad de Tijuana.

Mientras todo esto sucedía, Biden no podría abrir por completo las vías legales para el asilo porque aún no desaparecía covid a través de sus variantes y, mientras tanto, Tijuana seguía siendo un cuello de botella, viviendo siempre al filo de una crisis humanitaria y de alojamiento.

El 24 de febrero de 2022, mientras se lograba neutralizar la situación migratoria, un conflicto bélico a más de 9,079 kilómetros de distancia tuvo repercusiones en la ciudad fronteriza más transitada del mundo. La invasión de Rusia a Ucrania trajo una nueva oleada a Tijuana de más de 13 mil ucranianos que nadie pensaba que llegaría. Ante la presión mediática por el impacto mundial que tuvo la llegada de los ucranianos a Tijuana, los 13 mil ucranianos ingresaron a EU como agua, gracias, también, al compromiso público que hizo Biden durante su visita a Polonia tres semanas después de la invasión, donde prometió darles refugio, pero sin mencionar el cómo, cuándo y por dónde. En octubre de 2022, un acuerdo binacional nos impuso un nuevo desafió, México aceptó la petición de EU de recibir a cierto número de venezolanos por día que ya no cabían en sus centros de procesamiento migratorio. Una migración extranjera que no llegó del sur, sino del norte, con la ilusión destrozada porque pensaban que ya habían vivido lo más duro del trayecto: el infierno de la selva del Darién.

Pero ese sufrimiento sólo duro tres meses porque EU —como dicen los católicos: Dios aprieta, pero no ahorca—, en enero de 2023, lanzó una innovación para tener una migración ordenada, segura y regular, la aplicación en dispositivos móviles CBP ONE, donde los solicitantes de asilo mandaban su petición para una entrevista con un agente de migración estadunidenses.

Mientras a los venezolanos se les resolvía su destino, el desplazamiento forzado interno no cesaba de llegar a Tijuana. Han pasado varias legislaturas y aún sin figura jurídica federal que los reconozca y que les pueda brindar atención y protección. Migrantes nacionales de Guerrero, Michoacán, Chiapas y Guanajuato, entre otros, llegan a nuestra ciudad con las heridas recién abiertas, y con un estrés postraumático que los inhabilita a esperar pacientemente su cita programada para presentar su petición de asilo, porque a cada minuto viven pensando que esa persecución de la cual huyeron los puede alcanzar.

Este es un breve relato en lo general, pero, en lo particular, fueron momentos de angustia y preocupación por brindar a todas las personas que llegaban a la ciudad un lugar, un espacio, una cama donde pudieran pernoctar mientras se resolvía su situación. Asimismo, atender las necesidades básicas, como alimento, higiene, vestimenta, cobijo, atención médica y psicológica. Siempre he dicho, la migración es como un río que busca su cause, y las autoridades deben conducir ese río para que no se estanque y se desborde.

En Tijuana no ha cesado la llegada de migraciones. Es impresionante que una superficie de 637 kilómetros cuadrados sea el punto de encuentro de personas de más de 130 países, de cuatro continentes: Asia, África, Europa y, por supuesto, América.

Difícilmente este desplazamiento de personas se logré terminar en el corto y mediano plazos: la pobreza, guerras, regímenes autoritarios, cambio climático y la multiplicación de bandas de contrabandistas serán las razones que seguirán imponiéndose ante cualquier medida de contención o política restrictiva. Quizá por falta de voluntad de los países implicados, tanto de origen, como de tránsito y de destino, no se vislumbra una pronta solución. Lo único que nos queda es la esperanza, en cada periodo de cambio de gobiernos, que vengan con el ánimo y la voluntad real de encontrar soluciones duraderas.

Está por culminar mi gestión como director municipal de atención, sin duda, ha sido una experiencia inolvidable en conocer, escuchar y convivir con personas de distintas culturas del mundo, una de las mil maravillas de vivir en Tijuana.

*Director municipal de Atención al Migrante en Tijuana.

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