La violencia política que viven las mujeres indígenas: es un asunto pendiente de resolver
Por Eduardo Ramírez* En mi natal Chiapas, el 19 de julio de 2015 se llevó a cabo el proceso electoral, para la renovación del Congreso estatal y los 122 ayuntamientos.En el caso de los ayuntamientos, el Partido Verde Ecologista obtuvo 62 alcaldías; el Revolucionario ...
Por Eduardo Ramírez*
En mi natal Chiapas, el 19 de julio de 2015 se llevó a cabo el proceso electoral, para la renovación del Congreso estatal y los 122 ayuntamientos.
En el caso de los ayuntamientos, el Partido Verde Ecologista obtuvo 62 alcaldías; el Revolucionario Institucional 25; los partidos locales Chiapas Unido y Mover a Chiapas alcanzaron 13 y 9, respectivamente; el Partido de la Revolución Democrática 5; Acción Nacional logró 4 alcaldías, y por su parte el Partido del Trabajo, Movimiento Ciudadano, Nueva Alianza y Morena solamente consiguieron 1 alcaldía cada uno. En ese contexto, hubo un caso especial: Chenalhó, municipio indígena tzotzil en los Altos de Chiapas, en donde Rosa Pérez Pérez fue la primera mujer presidenta en la historia de ese municipio.
Sin embargo, la población de Chenalhó, en especial los hombres, no concebían que la planilla ganadora estuviera encabezada por una mujer, pues al ser un municipio indígena, existe la creencia tradicionalmente compartida: “El bastón de mando del presidente”, conocido también como “bastón de mando del hermano mayor”, que es sagrado y está dotado del “alma”, no puede ser tocado jamás por una mujer.
Según esta creencia, posee una propiedad milagrosa: sudan cuando se acerca un peligro y al ser tocados por una mujer, dejan de hacerlo y pierden su poder.
Rosa Pérez es licenciada en Derecho, tiene dos maestrías en Derecho y también es doctora en Ciencias Políticas. En abril de 2015, Rosa ganó el plebiscito en donde se aprobaría su candidatura para la presidencia de Chenalhó.
Después de que rindiera protesta, la alcaldesa tuvo muchos elementos en contra dentro de su propio gobierno. Ella sostenía que la causa real del desorden era por “su condición de mujer”.
Así fue como el síndico, junto con un grupo de pobladores, tomó el palacio municipal y los caminos a Chenalhó, y luego de una serie de negociaciones sin éxito en la Arquidiócesis de San Cristóbal de las Casas, el 25 de mayo de 2016, fui secuestrado y llevado a Chenalhó para que en asamblea popular se entablara un diálogo franco con la población. En ese entonces, era presidente del Congreso estatal y mi deber era actuar de manera responsable para privilegiar la paz en uno de los municipios históricamente más conflictivos debido a la opresión y la indiferencia que han vivido durante muchas décadas. Ante la presión, Rosa Pérez, en un acto de sensibilidad y corresponsabilidad política, se vio presionada a renunciar al cargo que el pueblo de Chenalhó le había conferido.
Lo ocurrido en el municipio indígena es un claro ejemplo de cómo aun y cuando en la Constitución y en los tratados internacionales se establece que el Estado debe garantizar la participación política de las mujeres, los hombres no conciben esto. Sostienen que, por “usos y costumbres”, los únicos destinados a gobernar un pueblo son ellos.
La historia de Rosa Pérez no terminó ahí, inició una larga travesía en defensa de sus derechos políticos violentados en su calidad de mujer. En un acto sin precedentes, el 17 de agosto de 2016, el órgano jurisdiccional actuó y respaldando un fallo histórico por parte del Tribunal Federal Electoral, se ordenó su inmediata restitución al cargo de presidenta y de su cabildo, con el argumento de que la alcaldesa había renunciado contra su voluntad, bajo presión y por violencia política de género.
Así, esta sentencia sentó un precedente acerca de la legitimidad que adquiere, en este caso, una ciudadana en un cargo público representativo en un municipio indígena. Esto abrió el debate entre el discurso intercultural de la autoridad judicial electoral, el reconocimiento al derecho a la autodeterminación de los pueblos originarios en la legislación vigente y los procesos de legitimación internos en materia electoral de los pueblos originarios.
Tenemos una asignatura pendiente en el país, en aquellos pueblos en donde a las mujeres les coartan su derecho a participar, más aún de reconocerles triunfos electorales, sólo por la condición de ser mujer.
* Senador de la República
