La soberanía energética no tiene partido, la nacionalización del litio es inaplazable
Por Alejandro Armenta Mier Hoy, el petróleo no es suficiente para garantizar el futuro energético de México, sin embargo, los yacimientos de litio recién descubiertos en el país, concretamente en Sonora, son considerados los más grandes del mundo, con 243.8 millones ...
Por Alejandro Armenta Mier
Hoy, el petróleo no es suficiente para garantizar el futuro energético de México, sin embargo, los yacimientos de litio recién descubiertos en el país, concretamente en Sonora, son considerados los más grandes del mundo, con 243.8 millones de toneladas. De ahí que muchos inversionistas extranjeros estén interesados en instalarse en nuestro país para explotar este mineral, considerado clave para el futuro energético del mundo.
Este metal, el más ligero de la tierra, también se usa como componente de teléfonos móviles, computadoras y otros dispositivos electrónicos, por lo que su demanda va de la mano del crecimiento del sector científico y tecnológico. El litio, hoy en día, es llamado el “oro blanco” por su alto valor debido a su uso en aparatos digitales, baterías, coches de nueva generación e incluso en la medicina. El litio es propiedad de la nación por el artículo 27 constitucional, ya que todas las tierras, aguas y todo lo que se encuentre en nuestra nación es propiedad de los mexicanos, sin embargo, el artículo 27 constitucional permite las concesiones de todos los minerales y recursos naturales que se encuentren en la República Mexicana.
Por lo tanto, resulta indispensable impulsar la nacionalización del litio, para que el Estado mexicano tenga el control absoluto de este importante metal y no se puedan otorgar concesiones, sólo contratos, a compañías nacionales o extranjeras para que coadyuven con el Estado para su exploración y extracción.
Si en nuestro país logramos la nacionalización del litio, la extracción, explotación, producción, comercialización y distribución, todos los medios económicos de producción los tendría el Estado, así como las subsecuentes ganancias provenientes de su explotación.
Mientras el gobierno mexicano no cambie la legislación minera, empresas y particulares seguirán lucrando con el beneficio de explotar concesiones mineras sin pagar los daños provocados a los pobladores y al medio ambiente, y las ganancias multimillonarias no se reflejarán en el pago de derechos que deben darle a nuestro país.
Con la entrada en vigor del T-MEC, la explotación del litio cobra relevancia, debido a que los fabricantes de vehículos eléctricos, que dominarán el mercado, tienen que desarrollar una cadena de suministro en Norteamérica.
Según el nuevo acuerdo comercial, la batería de litio es uno de los siete componentes esenciales que deben acreditar 75% de contenido regional, a fin de que las unidades ensambladas puedan comercializarse en los tres países libres de aranceles.
Por ello, es necesaria la reforma constitucional para nacionalizar el litio y crear un instituto como Pemex, que rija todo lo respectivo al litio, llamado Litiomex.
La soberanía energética no tiene partido. La nacionalización del litio es inaplazable, es una oportunidad para tomar una postura clara para impulsar la economía nacional y no repetir errores del pasado. Agradezco a nuestro coordinador, el senador Ricardo Monreal, su apertura, apoyo y sentido patrio para impulsar una discusión que tendrá lugar las próximas semanas en el Senado de la República en parlamento abierto de todos los sectores involucrados en este tema trascendental para el futuro de nuestro país.
El futuro de México no debe estar condicionado a los intereses de ningún partido político. Nuestra patria está por encima de cualquier interés mezquino partidista. Que nuestros hijos y las próximas generaciones que nos precedan nos califiquen y que califiquen a esta soberanía por haber defendido nuestros recursos naturales con dignidad y contundencia, sin simulación y de manera patriótica.
Ésta es la verdadera independencia de México. Ésta es la revolución por la que entregaron su vida millones de mexicanos. Ésta es la esencia de la 4T de la vida pública de México. Separar el interés económico del interés político; y nosotros, los senadores de la República, nos debemos comportar a la altura de lo que nuestra nación demanda: someternos verdaderamente a nuestro deber, que es servir al pueblo de México de manera nacionalista y patriótica.
Ésta es mi obligación ética y moral que tengo con el Estado al que represento y con todo el pueblo de México.
