La dictadura de los datos

• A través de algoritmos es factible predecir qué personas son más susceptibles de cambiar de opinión o reorientar su voto.

Por Santiago García Álvarez 

En su reciente publicación La dictadura de los datos, Brittany Kaiser relata su experiencia como directiva en Cambridge Analytica, empresa que influyó significativamente en el resultado de la elección de Donald Trump y la decisión del Brexit. Entre otras cosas, explica la existencia de algoritmos capaces de conectar información de una persona que se encuentra disponible en distintos puntos de internet, de manera que una vez conociendo las preferencias y gustos de una persona se pueden establecer perfiles.

Posteriormente, se clasifica a las personas analizadas en grupos afines y se determinan los temas sensibles para ellos. Al mismo tiempo, es factible predecir qué personas son más susceptibles de cambiar de opinión o reorientar su voto. Por tanto, si haces llegar la información adecuada al perfil designado, es probable mover muchas voluntades hacia el fin deseado.

En el caso de la campaña de Trump, según relata Kaiser, su equipo de campaña sabía que existían ciudades con un voto duro demócrata muy difícil de mover, por lo que la estrategia se dirigió a estados con el mayor número de indecisos, así como a poblaciones con susceptibilidad ante ciertos fenómenos sociales. Con la elaboración de determinados materiales y haciéndoles llegar mensajes dirigidos a tiempo, mucha gente decidió votar por los republicanos. La estrategia no logró una mayoría absoluta de votos, pero consiguió el verdadero objetivo: los votos suficientes en los estados indecisos que determinaran ganador a Trump, según las reglas del juego del sistema americano.

Los temas clave en la campaña de Trump ciertamente eran de orientación republicana: el uso de armas, la inmigración, la política económica y social. Sin embargo, al descubrir que mucha gente era susceptible a estos temas, sugirieron al entonces candidato hacerlos más visibles y tomarlos como bandera, pues a pesar de ser políticamente incorrectos podían orientar el voto de ciertos grupos de personas.

Una de las estrategias que más funcionó fue hacer aparecer como “corrupta” a Hillary Clinton.

Utilizando fake news se propagaron mensajes en este sentido, a fin de orientar su voto hacia el republicano. Uno de los aspectos que me parecieron más escalofriantes de Cambridge Analytica es que tuvieron contacto con partidos políticos en México y plantearon algunas campañas, pero eso sería objeto de otro artículo.

Hace poco me mostraron un video de Obama que observé por unos minutos. Me pareció el típico mensaje que suele o solía dar, sin encontrar nada especial. Al final me explicaron que el video era totalmente falso.

A través de complejos algoritmos es posible detectar el lenguaje corporal de Obama, su voz, incluso los gestos de su cara, y simular un mensaje que en realidad nunca dio. Para el espectador medio es prácticamente imposible identificar que no es real.

Por momentos, resulta aterrador darse cuenta de que se pueden hacer videos de personas, usar su lenguaje y sus palabras, difundirlo y hacer creer a mucha gente que, efectivamente, dijo o hizo aquello. Por supuesto que existe la capacidad de defenderse y negar las imputaciones, pero muchas veces el mal ya está hecho y la reputación mermada.

Las decisiones de voto, de compra y de aprobación de muchos conceptos están basadas en lo que consumimos a través de los medios digitales, con la respectiva posibilidad de manipulación. Por más que pienso en mecanismos sofisticados para poder solucionar este tipo de problemas, es muy difícil encontrar soluciones. La respuesta, para bien o para mal, vuelve a los fundamentos básicos del ser humano, a través de la educación.

Preparar a las personas para distinguir lo verdadero de lo falso y lo importante de lo trivial es la única herramienta verdaderamente sólida de largo plazo.

 Una persona bien educada es más difícil de manipular, es menos susceptible a ciertas modas y podrá usar los medios a su alcance en la medida correcta.

Por otra parte, la única manera de usar bien la tecnología es con la conducta ética de quienes diseñan las estrategias y las herramientas.

 La dictadura de los datos no se rompe con nuevos algoritmos, sino sencillamente con educación.

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