El Benemérito de las Américas
Benito Juárez siempre se distinguió por su intelecto y disciplina a la academia. Además, gracias a su fuerte carácter y la seguridad en sus convicciones, logró sobreponerse a las adversidades durante su gestión como presidente.
Por Eduardo Ramírez*
El pasado 21 de marzo se cumplieron 216 años del natalicio de Benito Juárez García. Nacido en Guelatao, Oaxaca, quien a pesar de su origen humilde llegó a ser presidente de México por cinco periodos, de 1857 a 1872.
Durante su gobierno, Juárez siempre consideró que las autoridades debían apegarse al principio de legalidad, que es el que brinda certeza jurídica de cada actuación gubernamental; afianzó la autoridad del Estado y aplicó la ley sin distingos. Fue el forjador del establecimiento del Estado de derecho en México.
Benito Juárez siempre se distinguió por su intelecto y disciplina a la academia. Además, gracias a su fuerte carácter y la seguridad en sus convicciones, logró sobreponerse a las adversidades durante su gestión como presidente, en especial entre 1861 y 1862, cuando fuerzas militares francesas desembarcaron en el puerto de Veracruz para exigir el pago de los créditos que gobiernos mexicanos anteriores adquirieron.
Tras la invasión y luego de recorrer varias entidades de la República, Benito Juárez llegó al estado de Chihuahua en el año de 1864 para instalar la sede de su gobierno republicano, que era perseguido por las fuerzas de la Segunda Intervención Francesa en México y que apoyaba al Imperio Mexicano, encabezado por Maximiliano de Habsburgo.
He aquí una extracción de la carta que Benito Juárez envió a Maximiliano de Habsburgo, el 28 de mayo de 1864, texto que el archiduque denominó el llamamiento:
“Muy respetable señor: Me dirige Ud. particularmente su carta del 22 del pasado, fechada á bordo de la fragata ‘Novara’, y mi calidad de hombre cortés y político, me impone la obligación de contestarla, aunque muy de prisa y sin ninguna redacción meditada, porque ya debe Ud. suponer que el delicado é importante cargo de Presidente de la República absorbe casi todo mi tiempo, sin dejarme descansar ni de noche. Se trata de poner en peligro nuestra nacionalidad, y yo que por mis principios y juramentos soy llamado á sostener la integridad nacional, la soberanía y la independencia, tengo que trabajar activamente, multiplicando mis esfuerzos para corresponder al depósito sagrado que la Nación, en el ejercicio de sus facultades, me ha confiado; sin embargo, me propongo, aunque ligeramente, contestar los puntos más importantes de su citada carta.
“Me dice Ud. que de la conferencia que tengamos, en el caso de que yo la acepte, no duda que resultará la paz y con ella la felicidad del pueblo mexicano; y que el Imperio contará en adelante, colocándome en un puesto distinguido, con el servicio de mis luces y el apoyo de mi patriotismo. Es cierto, señor, que la historia contemporánea registra el nombre de grandes traidores que han violado sus juramentos y sus promesas; que han faltado á su propio partido, ó á sus antecedentes y á todo lo que hay de sagrado para el hombre honrado; que en estas traiciones, el traidor ha sido guiado por una torpe ambición de mando y un vil deseo de satisfacer sus propias pasiones y aun sus mismos vicios; pero el encargado actualmente de la Presidencia de la República, salido de las masas obscuras del pueblo, sucumbirá (si en los juicios de la Providencia está determinado que sucumba), cumpliendo con su juramento, correspondiendo á las esperanzas de la Nación que preside y satisfaciendo las aspiraciones de su conciencia.
“Tengo necesidad de concluir por falta de tiempo, y agregaré sólo una observación. Es dado al hombre, señor, atacar los derechos ajenos, apoderarse de sus bienes, atentar contra la vida de los que defienden su nacionalidad, hacer de sus virtudes un crimen y de los vicios propios una virtud; pero hay una cosa que está fuera del alcance de la perversidad y es el fallo tremendo de la historia. Ella nos juzgará”.
Al leer este llamamiento, me permito hacer la siguiente reflexión: podríamos vencer ciertas batallas y la historia nos juzgará de acuerdo a nuestras convicciones para enfrentar cada una de ellas.
*Senador de la República
