AIFA, misión cumplida
Es un aeropuerto de clase mundial, diseñado y construido por el Ejército mexicano.
Por Fadlala Akabani
La fecha de inauguración elegida para dar inicio a las operaciones del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, el 21 de marzo de 2022, no se trató de una mera casualidad o la simple conveniencia de tratarse de un día de asueto. Dado el caso, conviene tener presente que el lunes fue un día no laboral debido a la conmemoración del natalicio del Benemérito de las Américas, Benito Juárez, un mexicano excepcional que lideró una profunda transformación de la vida pública en nuestro país durante el siglo XIX.
En este siglo XXI y al haber completado las obras estratégicas para la 4T, Andrés Manuel López Obrador se convertirá en el Presidente que está dando forma al México del siglo XXI. Un país que tiene los brazos abiertos al mundo, que guarda respeto por los diferentes gobiernos, así como por la autodeterminación de los pueblos, una nación que juega un papel clave, a nivel continental, para la articulación económica de las Américas, desde la hermandad con nuestros hermanos pueblos latinoamericanos y la cooperación para el desarrollo con Estados Unidos y Canadá.
Esta política se traduce en la negativa de nuestro país a participar en el incremento de las hostilidades en el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, así como en consolidar la tan estratégica soberanía energética en tiempos cada vez más convulsos. Ante la dimensión del conflicto político-militar entre Rusia y la OTAN, la inauguración de un aeropuerto de clase mundial diseñado y construido por el ejército mexicano es una confirmación de que la apuesta obradorista es por la paz y el desarrollo, y no por la abyecta polarización que le atribuyen los conservadores.
Naturalmente, a quienes no les gusta la soberanía, a quienes detestan al México de las mayorías, a quienes menosprecian la capacidad del ejército y los militares mexicanos y para quienes la riqueza cultural y gastronómica nacional representan una afrenta y no un orgullo, la inauguración del AIFA, la apropiación que de él hizo el pueblo y la aparición de vendedores ambulantes dio pie, una vez más, para que el conservadurismo opositor exhibiera la más rancia de sus facetas, la del raci-clasismo aspiracionista que para afirmarse superior necesita denostar y ofender, pensamiento que está condensado en la forma despectiva de referirse al Felipe Ángeles como una central avionera.
La inauguración del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles representa un punto de inflexión para el gobierno de López Obrador, que lideró la consecución de una auténtica hazaña en la obra pública nacional, tanto por el tiempo récord en el que fue ejecutada la obra civil (2 años y 5 meses), como por la calidad de la misma. No es un secreto que, las grandes obras del neoliberalismo como el aeropuerto de Peña Nieto o la refinería de Felipe Calderón —léase con sarcasmo— son la tumba del neoliberalismo saqueador que construía con dinero público la obra que después era concesionada al sector privado. El AIFA será administrado por una empresa pública a cargo del Ejército mexicano creada para tal efecto, y la 4T ya ha anunciado que el predio en Atitalaquia, Hidalgo —circundado por la barda más cara del mundo— será empleado en la construcción de un hospital; el Lago de Texcoco fue declarado Área Natural Protegida, un polígono de 14 mil hectáreas distribuido entre los municipios de Texcoco, Atenco, Chimalhuacán, Ecatepec y Nezahualcóyotl, todos del Estado de México.
La puesta en operación del AIFA, a diferencia del malogrado NAIM, no representó el cierre del aeropuerto Benito Juárez, que seguirá operando y junto al López Mateos de Toluca conformarán un Sistema Aeroportuario para la Ciudad de México y toda su área metropolitana, propiciando la integración urbana mediante infraestructura para la movilidad entre las Zonas Metropolitanas del Valle de México (PIB más alto de América Latina) y el Valle de Toluca, así como la articulación económica de la zona megalopolitana integrada por la Ciudad de México y el Estado de México, así como por los estados de Hidalgo, Puebla, Morelos, Querétaro y Tlaxcala.
Un detalle simbólico resultó el destino de los vuelos inaugurales, el primer vuelo nacional llegó a Villahermosa, Tabasco, y el primer vuelo internacional fue hacia Caracas, Venezuela; congruencia para un gobierno que ha mostrado la necesidad de invertir en el desarrollo de la región sureste del país y en el contexto continental, un gobierno que ha vuelto a mirar al sur, recuperando el histórico liderazgo de México en América Latina a través de la cooperación y el intercambio comercial.
El gobierno de López Obrador ha entrado en una nueva etapa, la de consolidar las bases de la transformación que habrán de terminar por sepultar al viejo régimen y al mismo tiempo, dar espacio al nuevo Estado mexicano, que procura el desarrollo nacional y bienestar de todos los mexicanos.
