El Edomex: Reflejo de la crisis de nuestra comunicación política (segunda parte)

Por Jaina Pereyra* La semana pasada hice el planteamiento de por qué, a mi parecer, la campaña del Estado de México reflejaba la seria crisis de nuestra comunicación política, en específico en dos aspectos: la falta de consistencia entre personaje público y ...

Por Jaina Pereyra*

La semana pasada hice el planteamiento de por qué, a mi parecer, la campaña del Estado de México reflejaba la seria crisis de nuestra comunicación política, en específico en dos aspectos: la falta de consistencia entre personaje público y discurso, y lo poco atinados de los lemas de campaña.

Insistí también en que los políticos invertían mucho en imagen y poco en contenido. Así en la campaña por el Edomex —y en casi todas— los hemos visto promover, copiarse y repetir políticas públicas que no son viables o deseables (por ejemplo, Fernando Pérez Cervantes —@eulerequation— ha argumentado que subsidiar el costo de traslado al trabajo es, de hecho, una política regresiva); propuestas que no son trascendentes, que no hablan de agenda ni de convicciones, sino del oportuno uso de la necesidad de otros para el beneficio propio.

También hemos visto a los candidatos en el despliegue de la campaña menos auténtica que yo recuerde. En el debate organizado por Carlos Loret de Mola parecía que los candidatos se habían aprendido monólogos de personajes absolutamente fingidos. Del Mazo con su disonante actitud de firmeza; Josefina con esa sonrisa tiesa, con un tono de voz perfectamente modulado, con un gesto, sólo uno, siempre el mismo, que no refleja ninguna emoción; Delfina, hablando en tercera persona de sí misma y, a la vez, jugando a la ingenuidad —alcanzando el máximo ri-

dículo en su campaña con el espectacular en donde abraza un gatito bebé. Leyó usted bien: UN GATITO BEBÉ— y Juan Zepeda, que, en ese sentido es el más equilibrado, fingiendo que no sabe que su lugar en la contienda muy probablemente será testimonial.

En grupos de enfoque es común identificar que los votantes son más proclives a votar por candidatos con los que quisieran irse a tomar una cerveza o un café. Todos sabemos que la probabilidad de que esa convivencia ocurra es cero, pero de todos modos, a la gente le gusta elegir candidatos que perciban reales. Por ejemplo, los tuits de Donald Trump causaban frenesí en la campaña porque era obvio y evidente que no eran producto de ningún equipo de estrategia. Es más, eran lo contrario de cualquier recomendación posible de cualquier equipo de estrategia. No tenía que firmarlos con un DT, como acostumbran algunos candidatos cuando ellos son los autores, porque era obvio que los escribía él mismo. Eran el reflejo de un hombre perturbado, enojado, emocionado, loco si quieren, pero eran el reflejo de un hombre. Las redes sociales deben reflejar intimidad. Los candidatos deben reflejar humanidad. Y yo creo que la campaña del Estado de México está logrando justo lo contrario.

Finalmente, quiero atender un tema que da para mucho y que Carlos Puig ya analizó cabalmente en la campaña de Del Mazo: el tema de género. Quisiera advertir que yo me asumo feminista y que soy de las que piensa que a las mujeres candidatas se les mide con otro rasero que a los hombres.

Por ejemplo, mientras Bernie Sanders puede participar de una discusión acalorada, sudando, con el peinado sujeto al humor del viento, Hillary hubiera sido tachada de fodonga, inestable y loca de haber aparecido así. Creo, también, que las mujeres conservadoras, incluso cuando no tienen una agenda considerada tradicionalmente feminista, rompen techos de cristal y deben participar de la vida pública para que la igualdad en el acceso se vuelva normalidad.

Por eso me resulta tan increíble que en una contienda en donde dos mujeres tienen posibilidades reales de ganar la gubernatura, no sea un tema que se tome con mayor seriedad. Alfredo del Mazo quiere ofrecer un salario rosa. Porque ¿de qué color piensan, son, sufren las mujeres? Rosa. Obvio. La oferta es dar una compensación por el trabajo doméstico. Valga decir que no es un apoyo familiar para que las parejas deciden si uno o una quiere trabajar fuera del hogar y el otro u otra realizará labores domésticas. No, eso es cosa de mujeres. ¿Dar becas para que mujeres estudien en la universidad o aprendan otros idiomas? Es decir, ¿ofrecer oportunidades para las mujeres revirtiendo en vez de ahondando en los estereotipos de género? No, eso no. Es el Estado de México, no Suecia.

También, Del Mazo, como Peña en su momento, se ha autoproclamado el “candidato de las mujeres”. Y me imagino que, de ganar, Del Mazo tendrá una agenda tan feminista como la de Peña…

Por otro lado, Delfina, que ha decidido coronar la i de su nombre con una flor… porque las mujeres somos flores y mariposas y arcoíris. Vamos, no sabe ni lo que es un feminicidio, en el estado con las tasas más altas en el país. Uno pensaría que con un discurso de marginación tan sonoro, mínimo sabría de todo lo que las mujeres están excluidas, pero no.

Finalmente, Josefina creo que es la que mejor entiende del tema, pero la que, paradójicamente, más incómoda se siente en él. Josefina inició su precampaña diciendo que venía a “ordenar… la casa” (oqueiiii) y ciertamente, en su larga trayectoria, no ha tenido en sus equipos cercanos a mujeres empoderadas. Es cierto también que no ha sido vocera de los derechos tradicionalmente concebidos como derechos de las mujeres, pero hay dos cosas que debo reconocerle y que ella haría bien en presumir: en primera, es una mujer que ha destacado en entornos “de hombres” y, en segunda, captó y rebatió oportunamente la misoginia de la campaña de Del Mazo… Aunque sea para abrir un verdadero tema de debate; un debate real, genuino, trascendente, aunque sea por eso, ojalá que Josefina se sintiera más cómoda en esa trinchera.

*Economista y politóloga.

 Directora de Discurseros SC

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