Corporativismo: vivo y amoroso
Por Carlos Ornelas * En uno de sus ensayos sobre el corporativismo, Philippe Schmitter apuntó que las relaciones de poder entre los altos mandos del gobierno y las organizaciones corporativas se dictaban de acuerdo con los intereses institucionales del Estado. Cuando ...
Por Carlos Ornelas *
En uno de sus ensayos sobre el corporativismo, Philippe Schmitter apuntó que las relaciones de poder entre los altos mandos del gobierno y las organizaciones corporativas se dictaban de acuerdo con los intereses institucionales del Estado. Cuando algunos de los líderes de las corporaciones rebasaban los límites marcados (mediante reglas informales) el aparato de Estado hacía ajustes políticos; se sobreponía en los juegos de la dialéctica del control, diría Anthony Giddens.
El caso del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación proporciona ejemplos palpables de líderes que se extralimitaron y luego pagaron con su defenestración. Jesús Robles Martínez desafió al presidente Luis Echeverría; éste no reconoció que la Subsecretaría de Educación Elemental (hoy Básica) era una posición del SNTE. Robles Martínez se enojó y perdió.
Aunque Carlos Jonguitud Barrios no se opuso de manera abierta al proyecto modernizador del presidente Salinas de Gortari, dejó de serle funcional. El mandatario no condenó a Jonguitud al ostracismo político —siguió siendo senador—, pero le quitó los hilos del mando dentro del sindicato.
Elba Esther Gordillo encaró al presidente Peña Nieto y paga con prisión su error y soberbia. Pero el SNTE no quedó a la deriva. Con excepción de las secciones donde la disidencia es mayoría, como en Oaxaca, Chiapas, Michoacán y Guerrero, el aparato sindical funciona como una máquina al servicio del gobierno y de la Reforma Educativa.
La tecnología del poder se basa en dos mecanismos de control: coerción y mercedes, garrote y zanahoria. Desde septiembre del año pasado el secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño —una vez que desplazó a la Secretaría de Gobernación de las negociaciones cruciales con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación—, tutela esos métodos.
Juan Díaz de la Torre sabe que no llegó al liderazgo sindical por su carisma ni por tener el apoyo de los agremiados. Tras el encarcelamiento de la señora Gordillo, no le quedó más remedio que acomodarse a los hechos. Sobre él también contorneaban averiguaciones previas (recuérdese que era uno de los dos personajes que firmaban los cheques por alrededor de siete millones de pesos mensuales que le transferían a la señora Gordillo de las cuentas del SNTE). Esos acechos explican parte de la subordinación del líder ante el gobierno.
No obstante, las relaciones corporativas no se mantienen nada más por la imposición. Requieren de cierto consenso, del manejo de propaganda, con el fin de convencer a los agremiados que los líderes trabajan para ellos, aunque no sea cierto. Es aquí donde entra el otro mecanismo: otorgar al SNTE recursos públicos para que haga parte de la tarea de convencer a los maestros que apoyen la Reforma Educativa.
Giddens señala que, en las relaciones de dependencia y autonomía, los subordinados también tienen poder, nunca, ni aún en las dictaduras más cruentas, el control es total. ¡Y vaya que Juan Díaz de la Torre aprendió pronto a sacar provecho del complejo nudo que representa la Reforma Educativa! Parece decirles al Presidente y al secretario de Educación Pública: “Los apoyo, sí, pero no de gratis”.
En su edición del 4 de abril, El Universal documenta que en 2013 y 2016 la SEP transfirió al SNTE alrededor de 550 millones de pesos para difusión de la Reforma Educativa. Un montón de dinero, del que no se sabe que Díaz de la Torre rinda cuentas.
El corporativismo, con nuevas variantes, está vivo. La SEP no tiene capacidad de llegar a las escuelas, el SNTE sí. Se necesitan a tornapunta. El problema es que el SNTE no es confiable, cada vez agranda más sus márgenes de autonomía. En cuanto empiecen las campañas presidenciales rugirá como tigre y venderá más caro su amor.
*Académico de la Universidad
Autónoma Metropolitana.
